Capitulo 7  

Posted by: Lizzy Kim in

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“En el mismo instante en el que mis ojos se cruzaron con los tuyos, en el que mis labios rozaron por casualidad tus labios, supe que me dirigía al mismo infierno para pasarme toda la eternidad en él. Pero, a pesar de eso, no ansío escapar…”

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La noche de aquel “fatídico” sábado estaba realmente hermosa. Era como si la naturaleza también se hubiese confabulado para hacerla sentir mal mostrando tan exuberante belleza en un día en el que no estaba de ánimos para admirarlo.

Giró la cabeza cansada de admirar el paisaje y le dirigió una mirada al joven que tenía al lado. Sin saber muy bien por qué lo hacía, lo recorrió con la mirada descubriendo cosas que jamás pensó ver en él. Debía admitirlo, Lucas era realmente guapo. Muy guapo. Tanto, que era capaz de dejar sin aliento a cualquier mujer que lo mirara. Exceptuándola a ella, por supuesto — o por lo menos eso era lo que ella quería pensar—.

Borró esos pensamientos de su cabeza y se concentró en mostrarse tranquila y serena. Si quería que las cosas salieran bien, tendría que poner de su parte. Tendría que pensar en frío y no dejarse llevar por los angustiantes sentimientos que estaba sintiendo.

La casa de Ángela estaba a treinta minutos de su casa, pero no fue sino hasta pasados cuarenta y cinco minutos que pudieron llegar a los alrededores del lugar. Las calles aledañas a la casa estaban atestadas de autos que se dirigían al mismo lugar que ellos. Exhaló un suspiró de exasperación al darse cuenta de que, a cada segundo que pasaba, las cosas se le estaban poniendo cada vez más y más difícil. ¿Por qué? Esa era una pregunta que se repetía una y mil veces dentro de su cabeza. ¿Por qué tenía que pasarle eso precisamente a ella? ¿Qué había hecho para merecer semejante castigo?

Después de lo que a Jessica le parecieron horas, el auto logró cruzar las grandes puertas de hierro que flanqueaban el jardín delantero de la casa. A pesar de eso, no pudieron acercarse mucho por lo que tuvieron que bajarse del auto en medio del jardín al igual que muchos de los invitados. Caminaban lentamente, uno al lado del otro, rumbo a la gran puerta de entrada de la casa.

—Se me olvidó decirte algo, Jessica— dijo Lucas sin mirarla. Ella giró la cabeza para mirarlo y descubrir, a través de la expresión de su rostro, si lo que iba a decirle era bueno o malo— Estás realmente hermosa esta noche.

Ella se detuvo en seco, con una expresión de sorpresa en el rostro, al escucharlo. No esperaba escuchar eso sino algo malo. Porque algo malo debía suceder esa noche. De eso estaba segura.

Él, al darse cuenta de que ella no caminaba a su lado, se detuvo unos cuantos pasos mas adelante y se giró para verla; se sorprendió al ver que sonreía.

—No creas que con eso lograrás comprarme, Lucas— respondió sin dejar de sonreír mientras retomaba la caminata y cruzaba por su lado con una expresión de suficiencia en el rostro. Como diciéndole “Eso ya lo sabia”.

Esta vez fue él el que quedó detrás de ella. No pudo evitar sonreír al darse cuenta de que en el fondo Jessica no era tan airada. Caminó rápidamente para alcanzar a la joven la cual estaba en esos momentos subiendo la escalinata de mármol de la entrada. Cuando ella lo tuvo a su lado, rodeo su brazo con el que él le ofrecía y de esa forma entraron a la casa.

Mientras se dirigían al gran salón principal de la casa, que era el lugar en el que se estaba llevando a cabo la fiesta, fueron abordados por algunos invitados que quisieron felicitarlos por su compromiso. Otros, simplemente, les dedicaban inclinaciones de cabeza como saludo cuando ellos pasaban por su lado.

Era una situación bastante extraña pero ellos supieron manejarse a la altura de la situación. Ninguna de las personas allí presentes hubiese adivinado que todo eso no era más que una farsa bien montada por un grupo de personas que lo único que querían era que tanto Jessica como Lucas, estuviesen juntos a como diera lugar.

Lucas y Jessica fueron abordados, cuando entraron al salón, por un Ariel bastante risueño. Jessica adjudicó esto al hecho de que él, hasta el momento, había sido el centro de atención de todas las féminas solteras que habían asistido a la fiesta. Lucas, por el contrario, vio un brillo extraño en sus ojos. Un brillo que nunca había visto en los ojos de su amigo y que sabía que tenía que ver con ellos.

—Hasta que llegaron, par de tórtolos— dijo cuando estuvo frente a ellos, lo bastante alto para que algunas de las personas que estaban cerca de la puerta lo escucharan y giraran a ver a la recién llegada pareja. Jessica cerró los ojos y respiró profundo antes de responderle.

—Nosotros no tenemos la culpa, hermano. Todas las calles aledañas a la zona están congestionadas.

—Aparte de eso, nos entretuvieron unos invitados en el hall— respondió Lucas mientras inspeccionaba el lugar con la mirada.

Ariel ignoró lo que le dijeron.

— ¿Quieren que les diga algo?... Hacen muy linda pareja— les dijo con una sonrisita picara— Deberían comprometerse de verdad, chicos.

Esto último lo dijo en voz baja para que las personas que estaban cerca de ellos no lo escucharan. Jessica soltó el brazo de Lucas y este giró la cabeza para dirigirle a Ariel una mirada recriminatoria. Jessica estaba de tan buen humor esa noche y temía que por el comentario de Ariel terminara por enfurruñarse.

—No digas estupideces, Ariel— le respondió Jessica de mala manera mientras se dirigía hacia Ángela para saludarla. Cuando estuvo a unos cuantos pasos de distancia se detuvo y se dio la vuelta para dirigirse nuevamente hacia ellos. Tomó a Lucas de la mano y se lo llevó con ella ante el asombro de los dos jóvenes.


—Mis queridos Jessica y Lucas — los saludó Ángela mientras les daba un gran abrazo a cada uno.

—Gusto en volver a verla, señora Mitchells— le saludó Lucas mientras besaba su mano con galantería. Ángela se llevó la mano izquierda al pecho y sonrió encantada por el gesto del joven.

— ¿Cómo está, señora Mitchells?—le preguntó Jessica mientras le brindaba una sonrisa.

Era tan fácil sonreírle a esa mujer. Ángela siempre era tan risueña, tan vivaracha; era una mujer que le alegraba el día a cualquiera con solo sonreírle. Esa noche ella estaba feliz, tanto, que contagiaba a todo el mundo de esa felicidad; incluso a Jessica.

— ¿No se me nota?—le cuestionó mientras extendía los brazos— Estoy feliz, niña. Estoy feliz por ti. Estoy feliz de que por fin has encontrado al hombre de tu vida. Un hombre maravilloso y además muy guapo.

—Usted habla de él como si lo conociera desde hace tiempo— dijo mientras se sentaba en donde Ángela le señalaba.

—Solo el tiempo suficiente para asegurarte que has hecho la mejor elección. Solo míralo, Jessica ¿Acaso no es lindo?

Jessica giró la cabeza para mirarlo y descubrió un ligero sonrojo en las mejillas del joven. Rió por lo bajo y él solo se limitó a mostrar una expresión de molestia.


Jessica, Ángela y Lucas estuvieron charlando por un largo rato. Ángela se había empecinado en conocer los detalles sobre cómo se conocieron y cómo dejaron de ser amigos para convertirse en prometidos. No tuvieron que mentir con mucha frecuencia ya que la mayoría de las cosas que Ángela quería saber tenían que ver con el pasado que tenían en común.

Jessica eludía lo más que podía estas preguntas, y cuando Lucas las respondía, ella fingía que prestaba atención cuando en realidad estaba recorriendo el lugar con la mirada. Se concentró en las personas que, sentadas en las mesas que estaban desperdigadas por todo el salón, conversaban y tomaban animadamente. También en las parejas que, con gracia y soltura, bailaban en el centro del salón. Se fijó en su hermano que charlaba feliz con unas jovencitas en una de las mesas cercanas a la improvisada pista de baile. Se le veía feliz, y eso la hizo sonreír.

Cansada de estar ahí haciendo nada más que mirar a los demás, se puso de pie sin que sus acompañantes de mesa se dieran cuenta y salió al solitario jardín trasero. Allí fue recibida por la fresca brisa nocturna que acarició su rostro con sutileza y azotó la larga falda de su vestido al igual que sus rizados cabellos. Se levantó un poco la falda para no tropezar con ella mientras caminaba por el empedrado.

No había avanzado mucho cuando escuchó que la llamaban y al reconocer esa voz la ignoró y siguió con su camino rápidamente, con la intención de esconderse de quien la llamaba. No lo logró. Al llegar a la parte trasera de la plazoleta, quien la llamaba la tomó con fuerza por el brazo derecho y la estampó en una de las columnas de la plazoleta; ahogó un quejido de dolor. El impacto había sido demasiado brusco, sumándole a ello el hecho de que su captor la tenía fuertemente agarrada por los brazos a tal punto de que le hacia daño.

— ¿Qué quieres?—preguntó tratando de que su voz no saliera muy lastimera, al tiempo trataba de soltarse de su agarre.

—A ti, Jessica ¿no es obvio?—respondió mientras se acercaba a ella haciendo que sus cuerpos quedasen muy juntos, al igual que sus rostros. Intentó besarla pero ella giró el rostro. Él no se dejó amedrentar por eso, así que empezó a besarle la mejilla y a descender, entre besos, hacia su cuello.

—Suéltame— le exigió mientras trataba de alejarlo de ella pero era inútil. Estaba atrapada entre la columna y su cuerpo por lo que moverse le resultaba casi imposible.

—Vamos, Jessica, no finjas. Yo se que no quieres que me detenga. Se que deseas esto tanto como yo.

—Estoy comprometida— dijo en un tono de voz bajo y pesaroso, en un intento de que él notara su pesar al no poder corresponderle.

—Estás comprometida con un idiota que no te hará sentir ni la mitad de lo que sientes cuando estás conmigo.

Jessica iba a replicar pero él impidió que lo hiciera adueñándose de sus labios. La besaba con locura, con pasión contenida, con rabia. Había tantos sentimientos implicados en ese beso pero ninguno de ellos se asemejaba al amor, ni por asomo. Jessica le correspondía el beso con la misma rabia con la que él la besaba. No era la primera vez que lo hacían pero en las tantas veces que se besaron a escondidas en las inmediaciones del lago, nunca hubo tanta tensión sexual, tanto deseo de hacer lo indebido, tanto deseo de entrega y a la vez tanto desprecio y tristeza.

Él le gustaba, por esa razón nunca pudo resistirse a sus besos y caricias. Ella fingía no estar interesada en él y logró en varias ocasiones que le creyera, pero cuando se encontraban y se besaban como si no hubiese mañana, él se daba cuenta de que lo que decía no era lo que sentía y una vez mas se lo estaba demostrando.

— ¿Te das cuenta de que lo que te digo es cierto? Tú a quien quieres es a mí y no a ese tonto que no se ha dado cuenta de que desapareciste— le aseguró mientras repartía besos por su cuello. Ella quitó sus brazos de alrededor del suyo y lo empujó para alejarlo de si.

— ¿Querer? Eso está muy lejos de ser lo que siento por ti. Yo a la única persona que quiero es a mi prometido, que te quede claro.

—Mentira— le gritó mientras volvía a agarrarla por los brazos con más fuerza que la vez anterior y la zarandeaba— Estás mintiendo. Tu a quien quieres es a mi, lo se. Tú me amas tanto como yo te amo a ti.

— ¡Deja de fingir! ¡Deja de decir que me amas cuando no lo haces! —Le gritó, rabiosa— Yo se que a ti lo único que te interesa es casarte conmigo por el dinero de mis padres. Yo no te importo… nunca te he importado… Solo me buscabas por lo que pudiera darte y no porque me querías realmente.

— ¿Quién… quien te dijo eso?—le preguntó mientras la soltaba y daba unos pasos hacia atrás, presa del asombro— ¿Quién te dijo semejante disparate?

—Nadie me lo dijo. Yo lo escuché. Escuché cuando se lo dijiste a Clarisse. — respondió mientras se acariciaba los brazos. Estaba segura de que iba a terminar con moretones, no solo en los brazos sino también en la espalda debido a los malos tratos recibidos de su parte— ¿Cómo pudiste hacerme esto, Brian? ¡¿Cómo?!

Su voz salió grave a causa del llanto contenido. Estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para no mostrarse débil ante él pero por cada palabra que pronunciaba sentía como una daga se enterraba en su corazón haciendo que la labor fuese mucho más difícil.

El era otro que había jugado con sus sentimientos, otro que la había visto solo como un juguete, un pasaporte hacia una vida prospera y llena de lujos y riquezas. Ningún hombre podría amarla, ya se lo habían demostrado dos veces.

—Jessica, yo…yo te amo. Lo sabes. Te amo más de lo que imaginas. Yo haría y daría lo que fuera por ti…

— ¿Por qué será que no te creo?

—Créeme… por favor.

—Eres un farsante y un interesado, Brian. Eres capaz de vender a tu propia madre con tal de ascender económicamente. Aunque sea cierto que me quieres, cosa que dudo mucho, no quiero tener nada que ver contigo. Tu tiempo ya pasó. Además, — alegó mientras se alisaba la falda— yo ya estoy comprometida… y con un gran hombre. Ahora, si me disculpas, debo volver a la fiesta.

Se dio la vuelta para emprender el camino de regreso a la fiesta pero no avanzó. Volvió a ponerse frente a él y, sin que él se lo esperara, le dio una gran bofetada.

—Eso es por haberme besado— dijo antes de darse la vuelta nuevamente y emprender el camino de regreso a la casa.

Caminaba con paso lento y taciturno, pero con el mismo porte de una orgullosa mujer de sociedad; no quería que Brian se diera cuenta de que habérselo encontrado la había afectado más de lo necesario.

Sentía como sus fuerzas se desvanecían a cada paso que daba, haciendo que en su rostro se pintase la tristeza que sentía en esos momentos. Las lágrimas amenazaban nuevamente con salir, pero como siempre, ella se lo impidió. No quería, no debía, no podía llorar. No ahí, no en ese momento, no por él. No se lo merecía. Ningún hombre merecía sus lágrimas.

Se mordió el labio inferior y apretó los puños en un intento por contener el llanto. Llegó al pasillo que daba al salón y se detuvo fuera de este unos minutos para respirar profundo y tratar de mostrar una expresión mas alegre y desenfadada. Miró su reflejo en un espejo que se encontraba en el pasillo cerciorándose de que ningún detalle la delatase, y cuando estuvo lista, cruzó el umbral de la puerta.

No sabia si era impresión suya pero notaba que la fiesta estaba mucho mas animada, incluso Lucas se mostraba diferente. Estaba más risueño, feliz, y reía con ganas junto a Ariel, Ángela y otras personas más. Él, como si se hubiese dado cuenta del escrutinio con que Jessica lo miraba, giró su cabeza en dirección a ella y le brindó una pequeña sonrisa.

Después de disculparse con sus acompañantes, se puso de pie y caminó hacia donde estaba. Le tendió la mano en una muda invitación de baile y ella, después de que hubo salido de su asombro, la aceptó.

Estuvieron bailando concentrados solamente en la melodía de aquel vals y no en lo que pudiese implicar su cercanía. Jessica se olvidó por completo de Brian, de su tristeza, del compromiso falso, de fingir ser una joven sin sentimientos y de que su compañero de baile no era nadie más que el joven al cual le había estado huyendo desde hacía tiempo. En esos momentos no le importaba nada más que no fuese dejarse llevar por la música. Lo necesitaba.

Lucas le susurró algo al oído y ella, presa del estupor, no supo captar lo que fue. No le dio tiempo a pedirle que repitiera lo que le había dicho debido a que, delicadamente, los labios de él se apoderaron de los suyos en un tierno beso. Al parecer ese era el nuevo pasatiempo: impedirle hablar por medio de besos; besos que no pedía y que no quería recibir. Por lo menos eso era lo que se repetía una y mil veces dentro de su cabeza.

Era cierto que para todas esas personas ellos dos estaban comprometidos y que se casarían algún día. También era cierto que debían guardar las apariencias para que creyeran que todo lo del compromiso era cierto, pero nunca se hubiese imaginado que Lucas la besaría y mucho menos que lo haría en público y sin avisarle. Una cosa era decir que lo eran y otra cosa era llevarlo a la práctica.

Otra cosa que tampoco esperaba era que ese gesto la hiciese sentir tan mal y sin saber explicar por qué. Tan mal y tan endemoniadamente bien al mismo tiempo. Los labios de Lucas la besaban con una ternura con la cual nadie antes la había besado y eso hacia que la enorme herida que tenia en el pecho sangrara más de lo que ya lo hacía. Tenia que venir precisamente alguien que no soportaba a besarla de esa manera que la hacia temblar de pies a cabeza y hacia que su corazón se acelerara y su respiración se agitara. Eso era algo realmente injusto.

Tan perdida estaba en su asombro, cavilaciones y las preocupantes sensaciones que recorrían su cuerpo, que no se dio cuenta de cuando terminó ese beso ni de cuando Ángela y Ariel se acercaron a ellos para abrazarlos efusivamente. Estaba sorprendida, más que sorprendida, pero eso no le impidió a Ángela y a un grupo de mujeres que la rodearan y bombardearan con preguntas tontas. Charlaban animalmente sobre algo que ella no entendía y que no le interesaba saber.

Lucas, por su parte, había sido raptado por Ariel y estaba en esos momentos hablando en voz baja con él en una de las esquinas más alejadas de los invitados. Al parecer, lo que Ariel le decía no era de su agrado y él, inútilmente, trataba de hacerle ver que estaba equivocado.

Cuando logró salir de su estado de asombro y ser conciente de que no quitaba la vista del lugar en el que estaban Lucas y su hermano, desvió la mirada hacia otro lugar para encontrarse con una escena sumamente desagradable. Brian y Clarisse estaban besándose con tanto amor y ternura que le dolió cada fibra del corazón con solo verlo. Se mordió el labio inferior por segunda vez en toda la noche y se giró para quedar de espaldas a ellos. Se despidió de Ángela y las demás torpemente y se encaminó rápidamente hacia los chicos con la cabeza ligeramente agachada.

— ¿Podemos irnos?—pidió sin siquiera mirarlos.

Los chicos pensaron que su actitud se debía a lo que acababa de pasar por lo que no hicieron preguntas. Caminaron detrás de ella tratando de mantener su paso y dirigiéndose miradas llenas de incomprensión a cada rato.

—Si estás así por lo de hace rato…— preguntó Lucas tímidamente mientras cruzaban las puertas entraba que daban paso al jardín.

—No quiero hablar de eso— le respondió de manera cortante sin siquiera voltear a mirarlo.

—Pero…

—Dije que no quiero hablar de eso… no ahora.

Lucas y Ariel volvieron a mirarse al notar el cambio en el tono de voz de Jessica. Ariel se alejó de ellos con la excusa de ir a buscar a los choferes no sin antes hacerle señas a Lucas para que se acercara a ella. Algo nervioso, acortó la distancia que los separaba, y la tomó delicadamente por el brazo para detenerla. Se colocó delante de ella y vio que sus mejillas estaban surcadas por lágrimas. Gruesas lágrimas que ella, con un movimiento de su mano, hizo desaparecer.

—No te preocupes. No lloró por lo que pasó— le aseguró al ver la culpabilidad pintada en su rostro.

— ¿Entonces quién… quién es el culpable de que estés así?

—Nadie. Nadie es culpable… Nadie más que yo.

—No te entiendo…

—No tienes que. Lo que me pase o deje de pasarme no es de tu incumbencia— respondió con el característico tono despectivo con el que solía hablarle.

—No lo puedo creer— dijo con indignación— Ni siquiera sintiéndote mal dejas de ser tan antipática.

— ¿Antipática? ¿Dices que soy antipática?

—Si, eso fue lo que dije— le respondió mientras se cruzaba de brazos.

—Si soy tan antipática como dices, ¿por qué me besaste?— cuestionó en un tono de voz más alto producto de la ira que sentía crecer dentro de ella.

—Eso no viene al caso.

—Oh, claro que viene al caso. No puedes andar besándome así porque si y luego decirme que soy antipática. ¿Con qué derecho?

—Te besé porque se supone que somos prometidos, Jessica. Todas las personas que vinieron a esta fiesta lo hicieron con la intención de comprobar si el supuesto compromiso era cierto o falso. Tenían que irse a sus casas con la constancia de que así era. Eso era lo que querías, ¿no? que todos creyeran que entre tu y yo pasaba algo…

— ¿Entonces me besaste por lo del compromiso?

— ¿Por qué mas, si no? Además, te advertí que lo iba a hacer. Yo no tengo la culpa de que andes en tu burbuja de superficialidad y no me hayas prestado atención cuando te advertí que iba a hacerlo.

—Ahora aparte de antipática soy superficial. ¿Qué otras cosas piensas de mi, Lucas? —Preguntó con enojo, mientras se acercaba a él— Anda, dímelo ahora que tienes la oportunidad de hacerlo.

—No se porque pierdo mi tiempo hablando contigo. Tu lo único que haces es discutir y discutir— respondió mientras se dirigía hacia el lugar por el que había desaparecido su amigo— Como me gustaría que volvieras a ser la misma Jessica de antes. Las cosas serían muy distintas…

—No te hagas ilusiones. Esa Jessica que tanto añoras murió hace mucho tiempo junto a lo que sintió por ti; si es que alguna vez sintió algo, cosa que dudo. No creo que nadie en su sano juicio se interesaría por un perdedor como tú. Mucho menos siendo tú la sombra de tu hermano.

É l se detuvo en seco y se giró para verla. Ella no se arrepintió de haber dicho eso al ver la expresión de su rostro. Sabía que lo que le había dicho lo había herido profundamente pero igual no le importó. Nada que tuviese que ver con él le importaba. Además estaba rabiosa y todo por lo que le había dicho, así que ahora no tenia derecho a quejarse.

—Si la Jessica que yo conocí murió, entonces ¿quién eres tú?

—Yo…yo soy yo y punto— respondió con altanería mientras se cruzaba de brazos frente a él.

— ¿Sabes qué? Me alegra saber que la joven que tengo en frente no es la Jessica que a… que aun recuerdo. Prefiero pensar que está muerta y que tu solo eres una copia barata de ella.

El rostro de Jessica se contorsionó de ira y las lágrimas volvieron a amenazar con salir. ¿Qué había hecho para que de pronto todos se rebelasen contra ella? Ella no era una mala persona, entonces ¿Por qué? ¿Por qué de pronto su tan buscada paz, paz que le costó mucho encontrar, se convirtió en algo tan utópico y lejano?

—Eres un imbécil, Lucas Henderson. Te odio— dijo antes de salir corriendo hacia donde estaban su hermano y su chofer, los cuales aguardaban cerca de las grandes puertas de hierro.

—Que lastima que el sentimiento no sea mutuo, mi querida Jessica— respondió en voz baja. Metió las manos en los bolsillos de sus pantalones y emprendió la marcha hacia donde estaba su chofer.

Esa noche, por mas que quisiese no podría olvidarla. Esa fiesta fue el primer eslabón de una cadena de acontecimientos que pondrían a prueba su integridad, moral y buen juicio. Acontecimientos que, como habían predicho ambos con anterioridad, no terminarían en nada bueno. Y, para su desgracia, ya no había marcha atrás.

This entry was posted on miércoles, marzo 25, 2009 and is filed under . You can leave a response and follow any responses to this entry through the Suscribirse a: Enviar comentarios (Atom) .

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