Capitulo 9  

Posted by: Lizzy Kim in

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“Cada vez que te veo, siento como mi corazón se acelera y unas inmensas ganas de besarte se apoderan de mi. Ya no soy dueña de mi misma porque desde que me miraste por primera vez, te adueñaste de mi ser, de mi raciocinio y de mi entereza. Todo lo que soy, se lo debo a lo que me haces sentir”.

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Las semanas siguientes fueron una completa tortura para Jessica. Ángela se había empecinado en organizar una serie de reuniones en las cuales requería explícitamente la presencia de la joven pareja. Ángela disfrutaba, con insultante malicia, de la cara que ponía Jessica cada vez que le decía que tenía que asistir a algún evento con su futuro esposo. Lucas, para hacer la situación más molesta para la joven, solo reía al ver las expresiones en el rostro de “su prometida”.

Jessica odiaba eso; odiaba verlo reír a costa de su enojo, odiaba ver a todo el mundo feliz y entusiasmado con una boda que no se llevaría a cabo, pero sobre todo, odiaba a su hermano por ser tan chismoso. Este, muy en contra de su voluntad, les había enviado una carta a sus padres para anunciarles su futura unión con Lucas.

Ella le habia dicho que no tenía porque hacer eso ya que esa boda no iba a llevarse a cabo, pero él siempre le respondía que lo mas importante era que sus padres supiesen la noticia por ellos mismos. No se habia detenido a pensar que con el envío de esa carta, estaba diciéndole a sus padres que sabía el lugar exacto en el que se encontraba su hermana y de paso, les daba la dirección.

Cuando se dio cuenta del error que habia cometido ya era demasiado tarde; la carta llegaría a manos de sus padres y pronto recibiría la respuesta. A pesar de eso no se arrepentía de haberlo hecho. Sabía que al final, mientras mas personas supiesen del compromiso, mas difícil se le haría a Jessica romperlo.

Él no le habia dicho que había enviado la misiva, pero no hizo falta; Jessica se enteró porque a Margaret se le escapó mientras conversaban. Ella se mostró serena, como si aquella noticia no la hubiese afectado y como si no le importase en lo más mínimo. Margaret la miraba intensamente, tratando de adivinar lo que pasaba por la cabeza de la joven pero, como era de esperarse, no se enteró de nada.

A los pocos minutos, Jessica se habia puesto de pie, aún con una sonrisa en los labios, y se disculpó con ella diciendo que tenía un compromiso al cual no podía faltar; no volvieron a verla hasta entradas hora de la noche cuando regresó a casa acompañada de Lucas.

***

Era una hermosa tarde y el clima era perfecto para salir a pasear o para quedarse conversando en los jardines. Por esta razón, los Henderson y los Smith se reunieron en la plazoleta del jardín trasero de la casa de estos últimos para tomar el té.

Por alguna extraña razón que los Henderson desconocían, sus anfitriones estaban exultantes de alegría. Algo había pasado que había vuelto a encender sus ya apagados corazones. Y ese algo, según creía Josh, tenía que ver con su hijo perdido (porque suponía que Ariel se había perdido al igual que su hermana). Después de un rato de charla banal y despreocupada, los Smith tomaron la palabra y les comunicaron que tenían algo importante de que hablarles.

Josh no estaba interesado en saber lo que querían decirle; suponía que tenía que ver con negocios o con los logros que había alcanzado Ariel en donde sea que se encontrase, por lo que nunca se le pasó por la cabeza que la noticia tenía que ver con su desaparecida hija.

Cuando Jocelyn dijo que su pequeña hija iba a contraer nupcias dentro de poco, Josh no pudo evitar sorprenderse. Se suponía que ellos llevaban años desconociendo el paradero de Jessica, buscándola hasta debajo de las piedras sin dar con ella; pensando que tal vez le había pasado algo malo o que, a esas alturas, ya estaba muerta., ¿Cómo se habían enterado, entonces, de semejante noticia? ¿Acaso Jessica, después de aquellos seis largos años de anonimato, había decidido dar señales de vida con el anuncio de su boda?

La voz del señor Smith lo sacó de sus profundas cavilaciones.

—Josh, ¿tu sabías lo de la boda desde antes?

Josh no entendía por qué le preguntaba eso. ¿Cómo iba a saber él que Jessica se iba a casar? La ultima vez que había sabido algo de ella fue cuando Richard, su padre, le informó que se había fugado de su casa. De la única forma en la que él se hubiese enterado de lo de la boda, era si hubiese tenido contacto con la joven o con alguien que lo conociese y que estuviese con ella en esos momentos.

—No, yo no sabía nada— respondió después de unos minutos de silencio.

—Pensé que Lucas te había contado lo del compromiso antes que a sus padres. Ya sabes, por eso de que confía más en ti, que eres su hermano— dijo con una sonrisa.

Josh tardó un par de segundos en unir todas las piezas de aquel rompecabezas. Cuando lo logró, la expresión de su rostro se convirtió en una clara muestra de sorpresa y enojo. Jackeline, su madre, lo miraba con preocupación y aprehensión. Había hecho todo lo posible por ocultar aquella noticia a su hijo por el simple motivo de que sabía que no se lo tomaría muy bien; temía por su reacción y justamente venia a enterarse de esa forma, y en casa de los Smith.

Josh, contrario a lo que ella esperaba, esbozó una pequeña sonrisa y habló con toda la calma de la que era poseedor.

—Hace mucho que Lucas no me cuenta sus secretos, Edmond. Ahora prefiere tener como confidente a mi madre, por lo que yo pasé a un segundo plano.

Richard, el padre de Josh, miró a su esposa con los ojos entornados y con un falso tono de reproche le dijo:

—Con que tu sabías lo el compromiso. ¡Que bien te lo tenias guardado, Jackeline!

Todos rieron a excepción de Josh que parecía más serio, incluso más que antes. Ninguno notó su cambio de actitud por lo que siguieron conversando animadamente hasta que cayó la tarde. Los Henderson se despidieron y tras hacerles una invitación a los Smith para que los visitaran pronto, emprendieron el camino a su casa, la cual estaba a unas cinco cuadras de allí.

***

Lucas estaba sentado en un sillón frente a un gran ventanal. Se había instalado allí minutos después de que Ariel se despidiera de él a eso de las siete de la noche.

Ellos, desde tempranas horas de la tarde, habían estado hablando sobre Jessica y sobre lo que harían de ahora en adelante. Sus vidas habían cambiado con la llegada de ambos al pueblo y sus planes ya no eran los mismos con los que habían llegado, por tal motivo, tenía que decidir que iban a hacer. Todo esto vino por que Ariel se había sincerado con él y le había contado lo que había estado planeando con Ángela y con Margaret durante su estadía en el pueblo.

Lucas se sorprendió al escucharlo pero no dio muchas muestras de ello. No quería mostrar ningún tipo de emoción ya que temía que la felicidad que sentía al saber que tanta gente deseaba verlo casado con Jessica saliera a flote y lo expusiera ante Ariel. No quería revelar su secreto.

De todas formas no hacía falta. Ariel conocía de sobra los sentimientos que albergaba el corazón de Lucas hacia su hermana. Siempre lo supo pero nunca dijo nada porque consideraba que si Lucas no se lo había dicho, era porque no quería que él se enterara o porque estaba demasiado avergonzado; o quizás hayan sido ambas cosas.

Cuando Ariel hubo terminado de contarle todo, Lucas decidió que era su turno de sincerarse también. Le contó que junto a su madre habían estado buscando a Jessica durante muchísimo tiempo y que, por extraño que pareciera, no habían dado con ella. Lo que sí habían conseguido, gracias a los investigadores privados, eran tres posibles lugares en los que podría encontrarse la joven. Lucas decidió en aquel entonces que lo mejor era ir a buscarla personalmente y así fue como llegó a ese lugar.

Al principio a Ariel le resultaba difícil creer aquello. No era que no le creyese a Lucas; sabía que su amigo no le mentía, podía ver la veracidad de sus palabras reflejada en sus ojos. Su incredulidad venía del hecho de que encontró a Jessica sin siquiera proponérselo realmente cuando se había pasado seis largos años buscándola con intensidad. Esa definitivamente había sido una jugarreta del destino.

Lucas decidió que lo mejor era no contarle el verdadero motivo de su viaje. Ariel, en una ocasión, le había advertido sobre el llevarse a Jessica de regreso a casa. Lucas sabía que él no estaba de acuerdo con eso y si se lo contaba, sería capaz de hacer hasta lo imposible para impedir que sacara a su hermana de allí. Ariel era capaz de hacer cualquier cosa por Jessica.

Después de sincerarse y de un rato de silencio, ambos chicos empezaron a buscarle respuestas a sus múltiples preguntas y a pensar en lo que harían de ahora en adelante. Jessica, por lo menos, se mostraba más amistosa con Lucas lo cual inclinaba la balanza un poco a su favor. Ariel no corría con la misma suerte porque su hermana, desde lo de la carta, no quería saber nada de él. Se comportaba como si él no estuviese viviendo bajo el mismo techo lo que le convenía a Lucas enormemente. Jessica, con tal de no estar cerca de su hermano, pasaba varias horas con él. Esto no suponía un gran cambio en su relación pero por lo menos, ella no estaba tan fría y distante.

Al final, Ariel se había puesto de pie, un poco frustrado — porque no le habían encontrado ninguna salida a su situación— y después de dedicarle a Lucas unas últimas palabras salió del salón. Ahora Lucas permanecía allí, en aquel sillón, de espalda a la puerta, pensando en lo que su amigo le había dicho.

“Nuestros padres ya saben lo del compromiso”.

Por mas que quisiese no podía dejar de sentirse intranquilo. El hecho de que sus padres supiesen que Jessica y él estaban comprometidos no suponía un gran problema. Cuando ellos volvieran, les explicarían todo con calma y problema resuelto. Lo único que le preocupaba era como se había tomado la noticia su hermano. Si solo con imaginarse, meses atrás, que iría en busca de la joven lo había alterado bastante, no quería ni pensar en lo que le diría o haría cuando lo viera. Cerró los ojos con gesto cansado y se apoyó en el respaldo del sillón.

—Disculpe que lo moleste, señor— dijo una empleada desde el umbral de la puerta.

— ¿Qué sucede?—cuestionó con cansancio.

—Ha llegado una carta para usted y, según lo que me dijo el mensajero, parece urgente— la empleada acortó la distancia que la separaba de Lucas y le entregó el sobre. El joven le agradeció sin siquiera dirigirle la mirada y le indicó que podía retirarse.

Cuando estuvo a solas, abrió el sobre sintiendo una ligera opresión en el pecho; sensación que se hizo más fuerte cuando leyó las pocas líneas que adornaban el papel.

La carta era de Jackeline y decía que las cosas no andaban muy bien por ahí y que lo mejor sería que regresara. Quizás, de esa forma, podrían aclarar las cosas antes de que fuese demasiado tarde y el autocontrol de Josh se fuese abajo. No es que le tuviese miedo a Josh ni nada parecido, era su madre después de todo, lo que sí le preocupaba era lo que su hijo pudiera hacer en contra de Lucas o de la misma Jessica. Ella sabía muy bien que todo lo que tuviera que ver con esa chica molestaba a su hijo mayor a sobre manera.

Lucas, cuando hubo terminado la carta, maldijo por lo bajo. Antes las cosas no estaban bien, ahora estaban peor. Justo ahora que su relación con Jessica empezaba a mostrar cambios tendría que volver a su casa. Se sintió tan mal de solo pensar que los avances que había logrado en esos meses, se desmoronarían cuando Jessica se enterase de que todo eso no fue mas que un elaboradísimo plan; que su llegada al pueblo no fue por casualidad y que lo del compromiso falso no fue mas que una jugarreta de Margaret — sin su previo conocimiento, cabía mencionar.

Sabía que ella no se lo perdonaría por más que le explicara sus razones y no podía culparla, por lo menos no del todo. Jessica, tal y como le había dicho Ariel, había sufrido mucho, a tal punto de que desconfiaba de todo el que se acercase a ella. Solo Margaret, Brian y él habían logrado de alguna manera u otra cruzar esa barrera y con sus actos, habían hecho que la confianza y cariño que ella había depositado en ellos pendiera de un hilo e incluso, ese hilo se había roto en una ocasión.

Brian ya no formaba parte de la lista de personas en las que Jessica confiaba sino en la de las personas que se habían ganado su odio. Lucas había visto ese sentimiento reflejado en sus ojos y un escalofrío recorrió su espalda con solo imaginar ese odio dedicado a él.

Movió la cabeza para despejar su mente de esos pensamientos; se acomodó en su asiento y se dedicó a contemplar el paisaje con gesto afligido.

En medio de su aprehensión escuchó pasos y un delicado aroma inundó sus sentidos. El mismo aroma que inundaba su habitación a pesar de que ella nunca había puesto un pie en ella. No se dio la vuelta para recibir a su invitada, sino que se quedó allí, tranquilo, como sino se hubiese percatado de su presencia. A Jessica no pareció molestarle este gesto porque se sentó con calma en un sillón que se encontraba al lado del de Lucas.

— ¿Por qué tan serio?— preguntó con un tono de voz carente de interés, mas sabía que ella estaba interesada en saber el motivo de su seriedad. Él no la miró, no se sentía capaz de hacerlo.

—Es solo que me enteré que nuestros padres saben lo del compromiso. Supongo que estarán muy contentos porque recibieron noticias tuyas y porque pronto vas a casarte— respondió con cierta amargura, después de un rato.

—Tal vez estén mas que contentos porque supuestamente me casaré con un Henderson— le dijo en el mismo tono, aunque algo mas sombrío.

— ¿Qué haremos ahora, Jessica? Todo esto se nos salió de las manos.

—Nunca estuvo en nuestras manos, Lucas. Desde el principio supe que esto no terminaría bien.

—Pero, aun así, seguiste con esta farsa— le dijo, mas no había reproche en su tono de voz.

—No tenía de otra. ¿Crees que si hubiese tenido otra opción hubiese seguido con esto?

—Lo se. Lo ultimo que querrías en el mundo sería casarte con alguien como yo— le recordó con un intento de sonrisa. Jessica lo miró seriamente unos minutos sintiendo como el pesar de Lucas la invadía a ella también.

—Sabes que no tiene nada que ver contigo— le aseguró con gesto cansado y abatido. Hizo una pausa en la que se dedicó a mirar por el ventanal— ¿Qué debemos hacer ahora?—preguntó y la pregunta parecía mas para ella que para él.

—Para serte sincero… no lo se. Ariel y yo estuvimos buscándole una solución a todo este embrollo pero no llegamos a nada.

—Ariel es el responsable de todo esto. Él fue el que les envió la carta a mis padres aun cuando le dije que no lo hiciera… Es un idiota.

—Sus razones debió haber tenía para hacer eso, ¿no lo crees?

—Sus razones me importan muy poco. Aquí lo único importante es que gracias a su idiotez, nosotros estamos en un apuro.

—Eso es cierto, pero insultando a Ariel, no le encontraremos una solución a esta situación— le dijo con una sonrisa.

Ella se quedó mirándolo unos segundos y advirtió en sus ojos un brillo extraño. Sabía que le ocultaba algo pero no era quien para cuestionarlo. Ella misma le ocultaba muchas cosas porque no confiaba del todo en él, así que no podía culparlo por querer hacer lo mismo con ella.

Profirió un gran suspiro antes de ponerse de pie.

—No se tu, pero yo no tengo ganas de quedarme encerrada siendo martirizada por mis problemas. ¿Por qué no te animas y das un paseo conmigo?

—Si es lo que quieres— dijo mientras se ponía de pie. Jessica rió suavemente y su risa pareció sacarlo de su estado, llenándolo por dentro de una agradable y reconfortante calidez.

—Tu siempre tan complaciente. No estaría mal que algún día hicieras algo porque quieres y no para complacer a otros— inquirió mientras caminaba hacia la salida— Te ahorrarías muchos problemas.

—Tienes razón pero ¿Qué es de la vida sin un poco de acción?

—Hablas como si tu vida fuese muy divertida— dijo antes de salir muerta de la risa del salón.

Ambos chicos, uno al lado del otro, se dirigieron hacia la plaza del pueblo mientras charlaban tranquilamente sobre temas banales. No querían volver a tocar temas serios, por lo menos no esa noche. Ambos tenían demasiadas dudas, pensamientos y sentimientos encontrados como para agregarles más. Además, lo que harían tendrían que decidirlo en un lugar mas tranquilo y privado, y no en medio de la plaza rodeados de personas curiosas y que querían saber todo lo que pasaba entre la nueva pareja de enamorados.

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