Capitulo 12  

Posted by: La Premonición

***

“Me gustaría detener el tiempo, pero se que no puedo. Me gustaría tenerte siempre a mi lado, pero tampoco puedo tener eso. Solo pido y anhelo cosas que no puedo tener”

***


Los días pasaban rápidamente dejando atrás una estela de planes e ideas todavía no resueltas. Y es que el tiempo no les daba para nada. En realidad, ellos no aprovechaban el tiempo. Para nada. Jessica y Lucas se la pasaban paseando por el pueblo, escapándose al solitario lago para no tener sobre ellos los curiosos y escrutadores ojos de todo el mundo, besándose cada vez que tenían oportunidad…

Y es que no podían resistirse. Era como si compensaran cada segundo que estuvieron tan cerca y no se habían atrevido a tocarse. Como si les fuese imposible mantenerse separados y tener sus manos quietas y alejadas del otro. Y sabían que no debían estar haciendo eso, pero Jessica no era una mujer que respetara las leyes y que se comportara como debería, ni Lucas era tan tonto como para no tocar a la mujer que más amaba en el mundo cuando tenía oportunidad de hacerlo.

Después, cuando no les quedó más remedio que aceptar que hasta que no tuvieran la mitad de los preparativos de la boda listos, Margaret y Ángela no los dejarían en paz, decidieron dedicarle tiempo a su futura boda. Debido a eso, se habían pasado las ultimas semanas planeando todo lo referente a la misma con ayuda de las dos mujeres, las cuales se mostraban más entusiasmadas que los mismos novios. Se parecían al montón de jovencitas que Jessica aborrecía, que se pasaban los días hablando de sus prometidos y de los vestidos que se comprarían para la próxima temporada de bailes.

Ariel, por su parte, había tenido que regresar a su casa, aún en contra de su voluntad, por expreso pedido de su padre. El negocio familiar —la empresa de licores Smith and Co. — se estaba volviendo cada día más rentable y Edmond solo no podía encargarse de todos los papeleos y trámites financieros. Si bien era cierto que contaba con empleados perfectamente capacitados, prefería que fuese su hijo el que se encargara de los asuntos más importantes y delicados. Así había sido desde que Ariel había terminado sus estudios hacia tres años, y así seguiría siéndolo.


En esos precisos momentos, Ariel estaba en su espaciosa oficina revisando unos papeles; desde que había llegado no había parado de trabajar. Como bien había dicho su padre, el trabajo se acumulaba con increíble facilidad por lo que era preferible ir encargándose de esos asuntos inmediatamente surgieran. Aunque tuviera que quedarse haciendo horas extras. Justo como en esos momentos.

Unos toques a la puerta, y luego el sonido de esta abriéndose lo hicieron levantar la cabeza de los papeles que firmaba.

—Disculpe la molestia, señor Smith.

— ¿Qué sucede, Lucy?

—Nada grave, no se preocupe— le respondió brindándole una gran sonrisa— Solo venia a entregarle unos papeles que tiene que firmar y una carta que acaba de llegar.

La secretaria —una mujer alta, de cabellos rubios recogidos en un rodete a la altura de la nuca y de facciones finas y delicadas— salió de la oficina contoneándose seductoramente después de dejar los papeles en el escritorio.

“Esta mujer…” Murmuró por lo bajo mientras tomaba el pequeño sobre blanco que contenía la carta. Lo abrió con movimientos lentos y despreocupados y se dispuso a leer su contenido.

Sus ojos recorrieron la superficie del papel mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro, ensanchándose ésta por momentos a medida que iba leyendo. La carta era de Jessica y en esta su hermana contaba con lujo de detalles todo lo sucedido desde su partida. Le decía como iban los preparativos de la boda y como su relación con Lucas iba mejorando cada día a pesar de que aún tenían sus enfrentamientos. Se querían, era cierto, pero no por eso Jessica iba a cambiar su forma de ser. Era obstinada, cabeza dura y muy caprichosa cuando se lo proponía. Y Lucas estaba lejos de ser diferente. Así que Ariel se imaginaba lo divertidas que serían sus discusiones.

También le contaba como las chicas con las que él se había relacionado en su estadía en aquel lugar, la tenían al borde de la locura preguntándole por él y queriendo saber cuando volverían a verlo. “Son un fastidio. ¿Por qué no te las llevaste a todas y así me liberabas de ellas?”, había escrito la joven y Ariel había imaginado en el acto la expresión de su rostro al escribir esas palabras. Rió sin poder evitarlo.

Cuando hubo terminado de leer la misiva, la metió en una de las pequeñas gavetas del escritorio. Se acomodó en el sillón y cerró los ojos al tiempo que echaba la cabeza hacia atrás. La imagen de su hermana feliz, tomada de la mano de Lucas mientras paseaban por el jardín o por la plaza del pueblo llegó a su mente y una extraña combinación de sensaciones inundó su ser.

Por un lado, se sentía feliz porque su hermana era feliz y porque estaba con un gran hombre. Por otro lado, los celos de hermano lo atenazaban y torturaban haciéndole imaginarse cosas que no deseaba ver. Era cierto que Lucas era un buen joven, que era respetuoso, caballeroso y que nunca sería capaz de hacerle daño a Jessica, pero era un hombre al fin y al cabo y las hormonas no tienen en cuenta lo respetuoso que alguien puede llegar a ser. Jessica era su hermanita y el simple hecho de imaginársela besándose o en brazos de otro hombre que no fuesen él o su padre, lo enfermaba.

—Jessica no es una niña, Ariel— le había dicho Lucas, entre risas, después de que Ariel lo hubiese amenazado. “Tu y yo podemos ser muy buenos amigos, casi hermanos pero eso no me va a impedir que te rompa la cara si te propasas con ella”, esas fueron sus palabras exactas.

—Ella no es una niña, Ariel— volvió a recordarle, Lucas, con calma. Como si Ariel fuese un niño al que hay que explicarle lentamente las cosas— Es tres años menor que nosotros, es cierto, pero eso no la convierte en una infanta. Ella ya es toda una mujer, Ariel. Supéralo.

—Solo tiene diecinueve años, Lucas. Es demasiado joven— Lucas había vuelto a reír al ver la expresión mortificada de su rostro.

—No digas tonterías, Ariel. Tú, con esa edad, hiciste cosas que, si tu madre se entera, le provocarían un síncope.

—Eso es diferente. Yo… yo soy un hombre y ella es solo una niña…

Había zanjado la conversación con algunas frases machistas que estaban muy lejos de ser en realidad lo que pensaba y que solo lograban divertir aún más a Lucas. Lo cierto era que reaccionaba de esa forma solo porque ella era su hermana y porque le había tocado verla desmoronarse por culpa de alguien que no había sabido apreciarla ni tratarla. Tenía miedo de volver a verla en ese estado, eso era todo. Nadie podía culparlo ni juzgarlo por actuar de esa forma.

—Mas te vale mantener tu promesa, Lucas Henderson, porque si no, voy a ir a hacerte una visita que te va a dejar sin ánimos de volver a ponerle un dedo encima a mi hermana durante mucho tiempo— dijo con una expresión seria en el rostro.

Cuando se trataba de Jessica, Ariel podía llegar a hacer cualquier cosa.


***

—Nunca imaginé que organizar una boda fuese tan extenuante— se quejó Lucas mientras se sentaba bruscamente en el sofá.

Él, Margaret, Ángela y Jessica se habían pasado toda la tarde organizando los pequeños pero no menos importantes y extenuantes detalles de la boda; ¿De qué color serian las flores? ¿Cómo serían las invitaciones? ¿Cuántas personas irían a la celebración? Cosas de ese estilo fueron tratadas entre risas y quejas por parte del único hombre presente en la reunión. Después, a eso de las seis de la tarde, Margaret y Ángela se pusieron de pie, se despidieron alegremente de ellos y salieron del salón de la casa de Lucas hablando del tipo de flores que llevaría el ramo de la novia. Se les notaba muy emocionadas… como siempre.

—No te quejes tanto; ni que hubiésemos hecho gran cosa— le dijo Jessica, distraída.

—Para ti es fácil decirlo. Se supone que las mujeres están acostumbradas a estas cosas. —dijo Lucas mientras se quitaba la chaqueta y la colocaba en el reposabrazos que tenía a la derecha.

Jessica se inclinó frente a él y con dedos ágiles y expertos empezó a quitarle los botones del chaleco que vestía, para luego aflojarle la corbata y quitarle los dos primeros botones de la camisa. Y sin cambiar la expresión de su rostro, siguió paseándose por el salón revisando la lista que tenía en las manos. Lucas le dirigió una mirada, mezcla de sorpresa y extrañeza; ella solo se encogió de hombros.

—No se como puedes soportar tener tanta ropa encima con el calor que está haciendo— le respondió al tiempo que se abanicaba con la pequeña libreta, olvidándose por completo de lo que hacía.

—Mira quien habla…— se quejó mientras se quitaba el chaleco y la corbata y los colocaba junto al saco, quedando solo con la nívea camisa desabotonada.

Cosas de ese tipo solían ocurrir con bastante frecuencia. Jessica cada vez se mostraba más abierta a Lucas; había dejado atrás esa mascara de frialdad y quemeimportismo con la que solía tratarlo. Ahora era más dulce, tierna, como la Jessica que él recordaba y de la cual se había enamorado cuando eran apenas unos niños. Pero por momentos, ese carácter tan peculiar que tenía salía a flote dejando a Lucas un tanto sorprendido y descolocado por el brusco cambio de actitud. Así era Jessica, y así él la quería.

Jessica se sentó a su lado y se recostó contra su pecho. Al principio de su relación— de su verdadera relación de novios— cada vez que la joven se acercaba a él en un gesto similar, él no podía evitar sorprenderse ni preguntarse si le estaba resultando difícil mostrarse tan cariñosa con él. Después, otra duda aún mayor cruzaba su mente solo con ver la expresión de su rostro. Veía miedo, una gran necesidad de algo que no supo identificar. Fuese lo que fuese que pasaba por la cabeza de la joven cada vez que se abrazaba a él, no era para nada agradable; tal vez era incluso doloroso. Y eso le dolía y lo preocupaba a sobremanera.

Jessica levantó el rostro y se quedó mirando a Lucas fijamente, con lo que a él le pareció curiosidad. Con su índice derecho acarició sus mejillas, recorrió el puente de su nariz y delineó sus labios, como si con este gesto pudiese grabar cada rasgo del apuesto rostro que tenía en frente. Después, lenta y sinuosamente, se acercó a él y lo besó, como si tuviese miedo de que él la rechazase. Todos sus gestos parecían ser meros experimentos, como su quisiese comprobar algo, o como si quisiese probarse a si misma que ella podía entregarle su alma a Lucas y él no la perdería.

Pero no solo eso, quería almacenar en su memoria todo lo que tuviese que ver con él. Sus gestos, sus rasgos, el dulce sabor de sus besos, las sensaciones que recorrían su cuerpo cuando lo tenía cerca. Todo. Quería guardar dentro de ella todo lo referente a él porque sentía que no le iba a durar para siempre. Que aquella relación que había empezado de la forma más extraña y menos romántica posible, se iba a terminar muy pronto acabando con su vida, dejándola sin nada por lo que vivir.

Por eso no quería enamorarse. Por eso, en un principio, quería mantener a Lucas alejado de ella. No quería depender de un sentimiento tan irracional como lo es el amor. No quería entregarse por completo a alguien para que después la abandonaran. Aunque esa persona fuese la que más amara en todo el mundo.

Jessica se separó de Lucas con un movimiento rápido y se abrazó fuertemente a él, como una niña temerosa. No quería que Lucas viese el sufrimiento que le causaba amarlo. Amarlo precisamente a él. Lucas no podía saberlo; no podría comprender sus miedos, su dolor, y los interpretaría de forma errónea. Pensaría que ella no lo amaba y que estaba con él para terminar de fastidiar a Brian.

Toda esa situación era tan dolorosa pero al mismo tiempo tan placentera. Tener a Lucas a su lado fue lo mejor que le pudo haber pasado en la vida y daba gracias a Dios por eso. Por haber enviado a alguien capaz de sacarla del agujero en el que estuvo metida por seis largos años. Por haber pintado su mundo de color, por haberle enseñado que en el mundo hay muchas cosas por las cuales vivir. Pero también maldecía el haberse vuelto tan dependiente de él de sus sentimientos, de lo que él le daba.

Ella, que se había jactado tantas veces de ser una mujer libre, fuerte, totalmente independiente de los hombres, ahora dependía de lo que otro pudiera darle. Había vuelto a caer en el mismo error de la vez pasada. Había tomado la mano de alguien y no la había soltado desde entonces, esperando que él no quisiese soltar la suya nunca. La otra vez no había sido así. La habían guiado hacia un precipicio y la habían lanzado por él. Esperaba que Lucas no hiciese lo mismo.

“Eres patética”— resonaba una voz dentro de su cabeza, con el mismo tono que usaba su madre cuando la regañaba. Eso le produjo escalofríos —“Eres patética e ingenua. ¿Cómo pudiste enamorarte de él… de un Henderson? Sabes la clase de persona que son y aún así caíste en sus redes. Patética, tonta, ilusa…”.

Crueles palabras pero aun así muy ciertas. Ella era eso y mucho mas y solo por haberse dejado llevar por un estúpido sentimiento. Por haber sucumbido ante un simple beso. Por haberse dejado enredar por las demostraciones de afecto que él le brindaba aún cuando ella lo despreciaba y hería. “Sabes que va a abandonarte. Sabes que va a terminar de romper tu destrozado corazón…”. Lo sabía, claro que lo sabía. Pero aun así no se alejaba de él. No quería hacerlo, no podía. Ya no podía hacerlo.

“Eres masoquista”— Jessica esbozó una pequeña sonrisa cuando estas palabras cruzaron su mente y se abrazó con mas fuerza a Lucas, el cual no se quejaba por aquel acto. Se sentía demasiado bien teniendo a Jessica entre sus brazos como para preguntarse por qué ella lo estrechaba de esa manera tan posesiva. Como si no quisiera que se alejara nunca de ella. Como si pretendiese fundirse con él.

Jessica se alejó un poco de él para mirarlo a los ojos, esos hermosos ojos verdes, y le dio un fugaz beso en los labios. Lucas frunció el ceño, ahora sí, tratando de comprender que le pasaba a la joven. Jessica rió al verlo.

Que importaban sus dudas y sus miedos cuando podía disfrutar de pequeños momentos de felicidad como esos. No sabía cuando iban a terminarse así que tenía que aprovecharlos para que tuviera algo que recordar cuando ya nada de eso quedara. Porque algo dentro de ella le aseguraba que su relación con Lucas iba a terminar… y de muy mala manera.

Capitulo 11  

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No podía creer que las cosas hubiesen llegado tan lejos. No podía creer que toda esa estúpida situación estuviese pasando. Tampoco podía creer que se le había salido de las manos (aunque sabía que nunca lo estuvo), pero así era.

Una parte de su pasado, la más horrible y la que había tratado de olvidar, amenazaba con volver a poner su ordenada vida de cabeza. ¿Qué había hecho para merecer ese castigo? Según su criterio, no había hecho nada malo, pero de todas formas recibiría un castigo; el peor de todos.

No sabía cuando ni por qué, pero lo que sí sabía era que tendría que verle, más pronto de lo que quería; aunque cabía mencionar que con mil años de saber por anticipado que ese encuentro se llevaría a cabo, jamás lograría prepararse para ello. Era demasiado difícil controlar la oleada de molestas sensaciones que recorrían su cuerpo. Sensaciones que iban desde la ansiedad hasta la rabia, pasando por la expectación y el deseo, sin olvidar al odio, que era, supuestamente, el más importante y predominante de todos.

Se puso de pie y se paseó por la habitación como un león enjaulado, mientras pensaba en la forma idónea para solucionar aquel embrollo, pero lamentablemente, y como bien sabía, no había forma. Tenía que resignarse, eso era todo.

Y con ese pensamiento resonando como campanadas en su cabeza, salió de su habitación, rumbo a cualquier sitio que no le trajera malos recuerdos. Y es habitación, su habitación, para su desgracia, estaba impregnada de ellos.


***

Eran las cuatro de la tarde de aquel hermoso sábado, y Lucas estaba tranquilamente tomando el té y disfrutando del paisaje que le brindaba su jardín, mientras una fresca y deliciosa brisa lo refrescaba.

Para Lucas, la mañana de aquel caluroso día, había sido una de aquellas tranquilas mañanas en las que despertabas sin preocupaciones ni problemas sobre tus hombros (aparentemente, se le había olvidado lo que había pasado la noche anterior con Jessica. O quizás el hecho de haber terminado tan bien la noche, lo hacia sentirse así).

Sumándole a ello el hecho de que Ariel no había ido a molestarlo —o más bien atormentarlo— con sus comentarios y preguntas sobre Jessica y lo que haría, suceso que lo tenía bastante relajado. En pocas palabras, aquel día había empezado bastante bien y en esos momentos no podía hacer nada más que darle gracias a Dios por eso.

Al poco rato, para su desgracia, tres figuras aparecieron en el jardín dirigiéndose hacia él, como prueba irrefutable de que ese día, quizás, no iba a terminar muy bien. Ángela, Margaret y Ariel, con pasos rápidos y decididos, llegaron hasta él antes de que pudiese pensar en el motivo de su presencia allí, o antes de que se inventase una excusa para poder escapar.

—Buenas tardes, joven Lucas— lo saludó Margaret con la sonrisa que solía brindarle siempre que lo veía. Era algo así como una mezcla de cariño y agradecimiento.

—Buenas tardes para ustedes también. Siéntense, por favor, y díganme qué los trae por aquí— les dijo, mientras que con un movimiento de su mano les señalaba las sillas que estaban alrededor de la mesa, y luego le hacia señas a una de las empleadas que siempre estaban revoloteando por los alrededores para que les sirviera té a sus invitados.

—Me parece, mi querido Lucas, que la pregunta sobra. Tú sabes perfectamente que nos trae por aquí.

—No, no lo se, Ariel. No soy adivino, por si no lo sabías.

—Se trata de Jessica. — le dijo, como si eso fuese lo mas obvio de todo el mundo— ¿Qué pasó anoche?

— ¿Debió pasar algo?—preguntó con una ceja alzada. Ariel resopló, molesto, y Lucas tuvo que contener las ganas de reírse en su cara.

La empleada llegó con una bandeja repleta de blancas tazas de té, una tetera y una bandeja de galletas. Le sirvió a cada uno una taza y después de dejar las galletas sobre la mesa y de hacer una reverencia, se dirigió a la casa.

—Lucas, querido, cuéntanos que pasó. Jessica nos ha evitado todo el día y estamos preocupados. Queremos saber que va a pasar con ustedes de ahora en adelante— musitó Ángela, hablando por primera vez desde que llegaron.

Lucas no se sorprendió ante su comentario. Desde hacía tiempo que sabía que ella estaba enterada de lo del compromiso falso y también de que prácticamente todo fue un plan entre ella y Margaret, agregando a Ariel cuando este llegó. Si Jessica se enteraba de eso, iban a rodar cabezas, eso era seguro.

—En realidad no pasó nada. Estuvimos hablando, más bien discutiendo, y al final ella me convenció de que me quedara— le respondió con un encogimiento de hombros, restándole así importancia al asunto.

— ¿Solo eso pasó? —Preguntó Ariel con incredulidad— Mira que es cabeza dura esa hermana mía. No me hizo caso. Y yo que pensé que si lo había hecho…

Margaret no hacia nada más que mirar a Lucas con esos ojos que parecían ver a través de las cosas. Ella se había dado cuenta de que algo había pasado pero no iba a decir nada. Si Lucas ni Jessica querían decirlo, ¿por qué debía hacerlo ella?

—Me alegra que se haya quedado, joven Lucas— le dijo con una sonrisa, interrumpiendo así, la retahíla de quejas de Ariel. —Y me alegra saber que fue la propia señorita Jessica la que lo convenció. — El hecho de que ella no quisiese decir que había descubierto algo, no quería decir que iba a dejar pasar la oportunidad de enterarse.

—Hablando de eso… ¿Cómo lo logró? Yo traté de convencerte durante un buen rato y no lo logré. ¿Qué dijo, o mas bien, que hizo mi querida hermanita para convencerte?—cuestionó Ariel con una expresión ceñuda en el rostro.

—Eso a ti que te importa. No seas metiche, Ariel.

Las cuatro personas que estaban en la plazoleta se dieron la vuelta para ver apoyada, en una de las columnas, a una Jessica aparentemente molesta. Pero eso era solo en apariencia porque la chica estaba demasiado feliz como para molestarse por nimiedades. Y mucho menos por algo dicho por su hermano. La única vez que realmente estuvo molesta con Ariel fue la vez en la que pensó que él la había traicionado dándole su ubicación a Lucas, pero el enojo no le duró mucho.

Para los demás, el hecho de verla con una expresión ceñuda en el rostro no era una sorpresa ya que estaban bastante acostumbrados a ello; pero lo que si les llamó la atención fue lo que hizo con su cabello. Se había cortado su larga y castaña cabellera, dejándola a la altura de los hombros. Ya no estaban trenzados, sino sueltos y completamente rizados lo que le sentaba muy bien; la hacia lucir mucho mas bonita que antes.

Cansada de que aquellos cuatro pares de ojos la mirasen de esa forma tan molesta, los sacó a todos de su estado con un “¿Qué tanto me miran?” bastante rudo. Lucas carraspeó y después la invitó a sentarse en la única silla libre que quedaba y que justamente estaba entre él y Margaret. Jessica pensó, por como se comportaban todos, que esa tarde se iba a divertir muchísimo.

—Jessica, ¿Qué te dio? ¿Por qué te cortaste el pelo?—preguntó Ariel cuando pudo salir de su estado de asombro.

—Estaba cansada de lidiar con el, eso es todo.

—Esa es una buena razón, pero no la correcta en este caso— musitó Ariel ganándose una tranquila mirada por parte de su hermana— ¿No te habrás cortado el pelo por lo que pasó anoche entre ustedes?—preguntó tanteando el terreno, probando su suerte.

En esa época era bastante común que las jóvenes, cuando llegaban a cierta edad y tenían una pareja formal, se cortaran el cabello y se lo dejaran suelto como una forma de demostrarle a todo el mundo que ya no eran unas niñas y que estaban preparadas para el matrimonio. También se soltaban el cabello cuando tenían que ir a algún evento importante que tuviera relacionado con su casamiento.

Pero Jessica, por su parte, no había dado muestras de querer seguir con esta regla porque, según ella, su relación con Lucas no era real, sino un compromiso temporal llevado a cabo por conveniencia. Por eso el hecho de que apareciera con el cabello corto justo después de su encuentro nocturno con Lucas, daba mucho que pensar.

Jessica sonrió de aquella forma maliciosa que a Lucas no le gustaba ya que siempre traía problemas, antes de responderle a Ariel con toda la calma del mundo.

—Puede ser. Anoche pasaron tantas cosas…

Lucas casi se atragantó con el té que se estaba tomando al escucharla y Ariel, que no se esperaba esa respuesta, tuvo una reacción similar al imaginarse cosas no muy púdicas entre Lucas y Jessica. Era su hermano y por más que se sintiera feliz de que ella estuviera con Lucas, eso no impedía que el bicho de los celos lo atacara de vez en cuando, por no decir “la mayor parte del tiempo”.

Miró a Lucas con una clara expresión en el rostro que decía “espero que no le hayas hecho nada a mi hermanita porque te mato”, antes de mirar a su hermana, horrorizado. Ella, como si no hubiese provocado toda esa situación, jugaba con uno de sus rizos despreocupadamente, mientras seguía sonriendo malévolamente. Luego, se acercó un poco a la mesa y tomó una galleta de la bandeja, ignorando completamente los cuatro pares de ojos que la observaban.

Por esa razón le había pedido a Lucas que no dijera nada sobre ellos dos, ya que quería ver la cara de sufrimiento que pondría su hermano si hacia ilusión a que había “perdido su honor”. Le hacia gracia el hecho de que su hermano prácticamente la empujara hacia la casa de Lucas a esas horas de la noche y que en esos momentos estuviese casi caminando por el techo por una simple insinuación.

Aunque no podía culparlo; después de lo que había pasado, era de esperarse que se preocupara tanto por ella. No podía quejarse; con un hermano así, no necesitaba nada más. Quizás una pareja, pero es ya lo tenía y todo gracias a él.


—Díganme chicos, —empezó a hablar Ángela, con un tono divertido de voz, tratando de cortar ese tenso momento— ¿Cuándo piensan fijar la fecha de la boda? Ustedes ya llevan más de dos meses de prometidos y no han empezado a organizar nada.

Inmediatamente salieron esas palabras de la boca de Ángela, Lucas se giró para ver el despreocupado rostro de Jessica. Era cierto que la noche anterior había pasado algo entre ellos pero eso no significaba que su relación había cambiado mucho. Jessica, en ningún momento, le había dicho nada sobre ellos. Solo se había limitado a pedirle, de la forma más convincente posible, que se quedara y él no pudo hacer otra cosa más que hacerle caso. Pero ahora que se detenía a pensar en todo eso, una ligera opresión hizo acto de presencia en su pecho y las miles de preguntas volvieron a repiquetear como campanadas en su cerebro.

—Lucas y yo no nos hemos detenido a pensar en ello pero lo haremos pronto, ¿verdad, Lucas?—respondió Jessica, tan calmada como siempre.

Lucas, por su parte, miró a cada uno de los que ocupaban la mesa con una expresión confundida en el rostro; expresión que duró poco, siendo reemplazada por una súbita seriedad que no pasó desapercibida por nadie.

—Sí— asintió— pero para hacerlo necesitamos estar solos— puntualizó, sorprendiendo a los demás.

Un comentario de ese tipo podría haberse esperado más de Jessica que de él, pero de todas formas no le importó mucho lo que sus palabras causaran en ellos. Y estos, al parecer, no lo tomaron mucho en cuenta. Al final sabían que su relación a penas estaba dando un cambio, y ellos esperaban que fuese para bien.

—En ese caso, nos vamos— musitó Margaret, poniéndose de pie calmadamente.

Ariel y Ángela no dijeron nada mientras la imitaban. Después de una despedida rápida y de que Ariel le dedicara una mirada de advertencia a Lucas, emprendieron el camino de regreso a la casa para dirigirse a la salida, y así dejar a los dos jóvenes solos.

Cuando estuvo segura de que nada ni nadie los interrumpiría, Jessica tomó la palabra, mientras se acomodaba en su asiento, acercándose un poco más a él.

— ¿A qué se debió ese repentino cambio de actitud? Tú no sueles ser así. — le preguntó mientras tomaba una galleta de la bandeja. Quedaban pocas y al darse cuenta de eso hizo un mohín de desagrado.

— ¿Quieres saber a qué se debe?—Jessica resopló molesta como respuesta.

Esa era una mala costumbre que tenía Lucas cuando hablaba con ella: responderle una pregunta con otra pregunta— Se debe a que yo aún no tengo las cosas muy claras respecto a ti y lo que quieres de mí. Anoche solo me pediste que me quedara pero no me dijiste nada más.

—Lucas, ¿no crees que estas complicando demasiado las cosas?— le preguntó con calma.

—No, no lo creo. Y estoy seguro de que tú te comportarías de la misma forma que yo si tu situación fuese similar a la mía.

Jessica frunció el ceño como respuesta y se cruzó de brazos antes de responderle.

—Explícame cual es tu “situación” porque la verdad es que no se de qué hablas.

—Hablo de nosotros. Hablo de lo que se supone que hay entre nosotros. Que yo sepa, lo único que nos une es un compromiso fal…

Jessica se acercó a él y tomó su rostro entre sus manos. Lo miró seriamente y él no pudo hacer nada más que perderse en esos oscuros ojos marrones que brillaban de una forma tan extraña pero indudablemente hermosa. Era extraño ver a Jessica comportándose tan cariñosa y tan calmadamente. Ella, por lo general, era despectiva y gruñona, pero desde la noche anterior se comportaba completamente diferente. Como si se hubiese quitado el pesado disfraz de chica mala que llevaba. Lucas —y todos los que conocían esa faceta de ella— daban gracias por ello.

— ¿Eso es lo que te preocupa? ¿El no saber qué hay entre nosotros?—ella hizo silencio esperando una respuesta por parte de Lucas, pero esta no llegó. Al final, volvió a retomar la palabra— A mi también me preocupa el no saber que va a pasar con nosotros, y lo digo no para hacerte sentir mejor sino porque es la verdad. Yo tengo claro que es lo que quiero y lo que siento, pero no se qué pasa contigo. No se que quieres de mi, no se lo que esperas de mi, si me quieres… no se nada, y eso me enferma. No me gusta sentirme confundida ni tener dudas.

— ¿Qué es lo que quieres, Jessica?—preguntó súbitamente, con la voz ronca.

—Te quiero a ti, creo habértelo dicho un par de veces anoche. Quiero estar contigo, Lucas. Y sí, quiero casarme contigo y pasarme el resto de mi existencia junto a ti. Aunque debo admitir que me aterroriza un poco pensar en eso y que casarme hasta hace poco era algo que no pensaba hacer jamás. Ahora te pregunto, ¿Qué quieres tú?

Lucas no le respondió, por lo menos no con palabras. Este acortó la brevísima distancia que los separaba y la besó de una forma anhelante, casi rayando en la desesperación, hecho que sorprendió a la joven. De todas formas, le correspondió el beso de la misma forma apasionada, cargada de esos sentimientos que aún le costaba demostrar, pero que estaban ahí, fuertes, claros, bien definidos. Y todos eran para él, porque se los había ganado prácticamente a fuerza de golpes y eso la hacia quererlo aún mas.

Las manos de Jessica al poco rato abandonaron su rostro para enredarse en su largo cabello castaño. Las manos de él se adueñaron de su cintura atrayéndola suavemente hacia sí, haciendo que se sentara sobre sus piernas. Que importaba que los vieran desde la casa, que importaba lo que pensaran de ellos, lo único importante es que estaban juntos y que ese momento era suyo y de nadie más; que ya no había nada porque temer y que las cosas entre ellos dos estaban claras. Se querían, nada mas debía importar.

El beso se prolongó hasta que la imperiosa e irrefrenable necesidad de respirar se adueñó de Jessica. La joven estaba con los ojos cerrados y con una sonrisita de placer pintada en sus labios. Su respiración, al igual que los latidos de su corazón, estaban agitados, y un tono rojizo coloreaba sus mejillas y sus carnosos labios, mientras Lucas repartía besos sobre su cuello.

—Tienes una interesante y… agradable forma de hacerme callar— dijo Jessica abriendo los ojos con lentitud, como si temiera que al hacerlo, aquellas agradables sensaciones desaparecieran de golpe, dejándole un vacío en el pecho— Pero no has respondido mi pregunta. ¿Qué es lo que quieres, Lucas? ¿Qué es lo que quieres de mí?

—Todo. Quiero todo de ti. Quiero que seas solo mía, que me quieras tanto como te quiero yo a ti. Quiero que siempre estés junto a mí. Suena cursi pero es la verdad. Te quiero, con todo lo que esas dos palabras significan e implican.

—En ese caso no tengo porque dudar sobre ti ni tengo que buscar la forma de cancelar el matrimonio, porque tú quieres casarte conmigo, ¿verdad?

—Exactamente— le respondió brindándole una gran sonrisa.

Estaba feliz, pero no podía negar que se sentía un poco culpable ya que él no había ido a ese pueblo con la intención de casarse con ella. No. Él había iniciado la búsqueda de la joven solo porque quería llevarla de vuelta a su casa para que estuviera con Josh. Debía admitirlo. Ese fue el motor que lo impulsó a hacer esa extenuante búsqueda. Se suponía que Jessica quería a su hermano, Susan se lo había dicho muchas veces, y al ver a su hermano tan triste cuando ella se fue, se propuso buscarla y llevarla de vuelta a su casa, para que pudieran estar juntos. Aunque eso le rompiera el corazón en miles de pedazos.

Pero todo había cambiado y los sentimientos que él pensaba que habían desaparecido, salieron a flote en el mismo momento que la vio en la plaza de Villa Mar. Todavía la quería pero no podía dejar de lado su plan de llevarla de vuelta a La Esperanza. Por eso había aceptado el plan que le propuso Margaret de que aceptara ayudarle con lo del supuesto compromiso falso, ya que de esa forma sería más fácil llevarla de vuelta a su casa. Pero todo se complicó y la fría Jessica se enamoró de él y había decidido casarse con él. Con él y no con su perfecto hermano mayor.

Quizás si las cosas hubiesen empezado de una forma diferente, libre de mentiras y verdades a medias, él pudiera sentirse completamente feliz. Pero con el peso del engaño sobre sus hombros, sabia que no lo lograría, por mas que lo deseara. Y decirle a Jessica la verdad era como lanzar su relación a la basura.

Al final, Jessica no era la única que ocultaba cosas en esa relación.

Ella, después que él el respondiera su pregunta, le había correspondido el gesto y le había dado un gran abrazo. No dijo nada ni hizo nada más que quedarse así, abrazada a él. No quería que Lucas viera la sombría expresión que apareció en su rostro ni tampoco quería dar pie a una larga discusión. Porque sabía que Lucas no se iba a quedar tan tranquilo sabiendo que algo le pasaba.

Respiró profundamente y con desgana se separó de él. Se puso de pie y obligó a Lucas para que hiciera lo mismo. Era tarde, por lo que tendría que irse ya a su casa en la cual, de seguro, la esperaban unos ansiosos Ariel y Margaret. Empezaron a caminar por el jardín, tomados de la mano, rodeados por un espeso silencio que se apoderó de ellos en el mismo momento en el que se dieron cuenta de que sus secretos ponían en peligro su relación. Y que, para su mala suerte, estaban a merced de que otra persona no decidiera delatarlos.

Capitulo 10  

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***

Un error. Un solo error es el responsable de que en estos momentos esté viviendo la mejor época de mi vida. ¿Debería arrepentirme por haberlo hecho?

***


Margaret recorría los solitarios pasillos de aquella casa sintiéndose tranquila y feliz. Jessica había salido poco antes de que se ocultara el sol y no había regresado aún. No estaba preocupada porque sabía con quien estaba; por eso se sentía así.

Lucas había llegado a ese pueblo para darle un poco de color al opaco corazón de Jessica y ella le estaba infinitamente agradecida por ello. Quería a Jessica como si fuese su propia hija y era capaz de hacer cualquier cosa y de soportar los desplantes de la joven con tal de verla feliz. Y lo estaba haciendo. Cada día que pasaba veía a Jessica más animada, irradiando una extraña aura de tranquilidad, paz y felicidad que nunca le había visto, y ella sabía a que se debía.

Por supuesto que lo sabía. Jessica nunca pudo engañarla con sus palabras, mucho menos lo lograría ahora cuando las cosas eran tan evidentes. Margaret podía leer sus sentimientos por más que ella tratase de ocultarlos; Jessica era como un libro abierto cuando se proponía ocultar sus sentimientos.

Un ruido la sacó de sus cavilaciones. Un ruido que provenía del jardín delantero de la casa.

Entró al salón y se acercó a la ventana; desde ahí tenia una excelente vista del jardín y del pórtico de a la casa. En su inspección vio a dos figuras que fácilmente pudo reconocer como Jessica y Lucas. Ambos caminaban alejados; con pasos rápidos, como si quisiesen alejarse lo más rápido posible el uno del otro y rodeados por un imperturbable silencio.

No hubo despedidas, ni miradas furtivas, ni nada. Jessica no había cerrado la gran puerta delantera que daba acceso al hall, cuando ya Lucas emprendía el camino de regreso al auto. Se le notaba alicaído, triste y cansado. Algo había pasado entre ellos para que, después de aquella larga tregua, empezaran los problemas y las peleas nuevamente.

Salió rápidamente del salón y se dirigió al encuentro de Jessica. La joven ya iba a mitad de la escalera cuando llegó al hall. No la llamó, sabia que no le haría caso y que seguiría con su camino como si nada. Por tal motivo, la siguió escaleras arriba hacia su destino: su habitación. Tal vez allí, si tenía la suerte de su lado, lograría sacarle la información.

Jessica, inmediatamente entró, cerró la puerta y le puso el cerrojo. Era obvio que en esos momentos no quería hablar con nadie y eso incluía a Margaret. No era nada personal, sino que no se sentía moralmente en condiciones de hacerlo.
Margaret tocó la puerta y le pidió que la abriera. Era de suponerse que haría eso y que ignoraría la clara señal que le había mandado la joven. Trató varias veces y al final, cuando se disponía a irse, Jessica abrió la puerta.

—Es usted muy insistente cuando se lo propone, Margaret— dijo con su ya muy conocido tono de voz que no demostraba emoción alguna, pero Margaret pudo ver la tristeza que sentía, reflejada en sus ojos.

—Solo quiero saber porque el joven Lucas y usted están así, tan distanciados.

Jessica no le respondió pero abrió la puerta un poco más en una muda invitación para que entrara. Margaret así lo hizo y se acomodó en el sofá que estaba al pie de la ventana; Jessica, cuando hubo cerrado la puerta, la imitó. Ambas permanecieron en silencio por un buen rato —Jessica contemplando la luna a través de la ventana abierta y Margaret viéndola a ella— hasta que la joven rompió el pesado silencio.

—Esta noche— dijo con voz seria, profunda— cometí la peor equivocación de la que he sido capaz en mucho tiempo. Pensé que, con lo de compromiso falso, había aprendido la lección pero no fue así. Sigo haciendo tonterías por una causa perdida.

—No la entiendo…

—Besé a Lucas.

Margaret abrió mucho los ojos producto de la sorpresa. ¿Jessica besando a Lucas? Eso era algo que ni en sus mejores sueños esperaba ver porque se suponía que Jessica no sentía nada por Lucas y porque se suponía que lo detestaba. Pero lo que realmente la sorprendía de todo eso era el dramatismo con el que lo había dicho; fue un simple beso, no era nada del otro mundo. ¿Acaso había un trasfondo que ella no lograba percibir?

Jessica prosiguió hablando después de un breve suspiro.

—Besé a Lucas para darle celos a Brian, Margaret. Fue todo tan rápido, tan repentino que no pude evitarlo. Yo, tomando el rostro de Lucas entre mis manos, besándolo y él correspondiéndome, que fue lo peor de todo… Brian y Clarisse haciendo acto de presencia— Hizo otra pausa— Vi la rabia y la decepción pintadas en la cara de Lucas cuando los vio. No me lo va a perdonar, estoy segura. No me va a perdonar que lo haya utilizado.

— ¿Por qué lo hizo?—solo atinó a preguntar la mujer. El saber que todo eso lo había hecho para darle celos a Brian era nuevo para ella. Nunca se enteró de la relación que mantenían Jessica y Brian por lo que la noticia la dejó un poco descolocada y confundida.

—No lo se— le respondió Jessica mientras se tapaba el rostro con las manos— Tal vez lo hice porque me molestó verlo con Clarisse, o porque quería dejarle claro que ya no me importaba…

—O porque quería que viera que usted también es feliz con su pareja.

—Lucas no es mi pareja, Margaret.

—Delante de todos, incluido el joven Debrand, lo es. Recuerde que es su prometido.

—Eso no significa nada.

—Por supuesto que sí. Si el joven Lucas no hubiese sido su prometido públicamente, ¿se hubiese atrevido a besarlo frente al joven Debrand y su novia? Mejor le haré otra pregunta— dijo al ver la cara de confusión de Jessica— Si usted hubiese estado acompañada de cualquier otro joven, ¿se hubiese atrevido a besarlo para “darle celos” al joven Debrand?

Margaret sonrió al ver que la turbación de Jessica se hacia mayor, y como sus mejillas se teñían suavemente de rosa como respuesta a lo que pasaba por su cabeza en esos momentos. Margaret aprovechó aquel estado de la joven para seguir confundiéndola y atormentándola para ver si por fin se daba cuenta de lo que ella había descubierto y acababa de confirmar.

— ¿No cree usted que el beso no fue mas que un reflejo de lo que realmente quiere, un reflejo de sus sentimientos? ¿No cree usted que el joven Debrand no fue más que una excusa para hacer algo que desde hace tiempo anhelaba? ¿No cree que…?

— ¡Basta! ¡Ya está bien, Margaret, entendí a donde quiere llegar!—respondió de mala gana. Margaret seguía sonriendo, esta vez más abiertamente. Era obvio que no cabía en sí de la felicidad.

— La respuesta a todas sus preguntas es no— le dijo seriamente, con el rostro crispado por la rabia y los puños apretados.

No le gustaba ver esa expresión de triunfo en el rostro de Margaret; pero, sobre todas las cosas, le molestaba que sintiera que había ganado aquella contienda imaginaria. Nada de lo que Margaret había dicho era cierto pero ella no iba a perder su tiempo con tontas explicaciones, así que dio por terminada la conversación

— Espero que este tema quede zanjado aquí porque no voy a tolerar ni una insinuación mas, ¿me entendió?

—Si, señorita.

—Bien, ahora, si me disculpa, quiero dormir— esto lo dijo mientras se ponía de pie y se dirigía al baño para desvestirse.

Esa noche, gracias a todo lo acontecido, no podría dormir y Margaret lo sabía, pero de todas formas se puso de pie y salió de la habitación dejando a Jessica sola con su rabia y su confusión. Sola con el irrefrenable deseo de salir corriendo hacia la casa de Lucas…

Era tarde pero a ella poco le importaba. Solo quería irse a la cama con la constancia de que Lucas la había perdonado. Era algo estúpido, algo impropio de ella pero igual quería hacerlo, tenía que. No podría estar tranquila sabiendo que una de las pocas personas que la quería se sentía herida y todo por su culpa.

Al final, después de unos minutos de pelea entre su sentido común, su orgullo y sus sentimientos, decidió que lo mejor era irse a la cama. Ya vería como solucionaría las cosas al día siguiente.

***

Como ya se le estaba haciendo costumbre, Ariel fue a hablar con Lucas a tempranas horas de la mañana. Para su sorpresa, Lucas estaba dormido cuando llegó por lo que tuvo que esperar un buen rato en el salón hasta que el joven hiciera acto de presencia. Algo adormecido y con apariencia cansada entró Lucas al salón, se sentó en un sillón frente a Ariel y profirió un gran bostezo en vez de un saludo.

— ¿Qué pasó?—cuestionó Ariel después de hacerle un exhaustivo examen con la mirada.

— ¿Qué?—preguntó Lucas, confundido.

—Te pregunté que qué pasó. No me vayas a decir que nada porque se que es mentira; Jessica y tu están muy raros…

—Eso no significa nada.

—Vamos, Lucas, no quieras verme la cara de idiota. Te conozco, creo habértelo dicho unas miles de veces. Se que algo pasó anoche y que ese algo es lo que los tiene así.

Ariel siguió insistiendo un rato más pero no logró que Lucas le dijera nada sobre lo que había pasado la noche anterior en la plaza. El solo hecho de recordarlo hacia que Lucas se sintiese peor de lo que ya se sentía. Sentía como pasaba de la emoción y la alegría al sufrimiento y la decepción con dolorosa rapidez. Suspiró como muestra de cansancio y frustración, ignorando a su amigo el cual se tomó el gesto como muestra de su aburrimiento, por lo que dejó de insistir.

Cuando Ariel hubo pronunciado la última palabra, cayó sobre ellos el típico silencio que suele aparecer cuando no se sabe que más decir pero, a pesar de todo, no fue un silencio ni pesado ni incomodo.

Al cabo de unos minutos, apareció una empleada anunciando que el desayuno estaba listo y servido por lo que los jóvenes se dirigieron, sin decir una sola palabra, al comedor. Ya en ese lugar, Lucas tomó la palabra.

—Ariel, estuve pensando que… que lo mejor para todos sería que regresara a casa… con mis padres.

— ¿A qué vino eso? Tu, por lo que me dijiste, te sientes muy a gusto en este lugar. Además, aquí está tu futura esposa y…

— ¡Ja! Como si eso fuese una razón de peso para que mi presencia sea necesaria en este lugar. Como si eso fuese importante…

— ¡Claro que lo es!—respondió Ariel indignado— ¿Acaso no te importa ella? ¿Acaso no te importa dejarla aquí sola?

—Estuvo muchos años sola, Ariel, ya está acostumbrada a eso.

—Pero…

—Además, — lo interrumpió— lo que ella ha querido desde que nos encontramos en la plaza, es que me vaya y la deje en paz, así que le haré el favor y me iré— continuó sin importarle la interrupción de Ariel.

—Estás mal, muy mal— dijo mientras negaba con la cabeza— ¡Estás actuando sin pensar! ¡Estás actuando guiándote por lo que pasó!

— ¡Tu que sabes! ¿Acaso te dijo algo? ¿Se ha dignado a dejar de lado su orgullo y arrogancia para hablar contigo? ¿Acaso se ha detenido a pensar que con sus estúpidos actos les hace daño a los demás?

Lucas estaba siendo muy injusto con Ariel, que no se lo merecía. Este se sintió mal de pronto porque sabía que Lucas tenía razón. Jessica no pensaba en nadie mas que no fuese ella y no le importaba llevarse al mundo por delante con tal de lograr lo que se proponía. Y cuando alguien hacia algo que no estaba dentro de lo “aceptable” por ella, simplemente dejaba de ser importante y se convertía, para ella, en una persona cualquiera, incluso lo trataba como si no lo conociese o existiese. Aunque a veces se “olvidaba” de esto si le convenía o si necesitaba algo de esa persona. Todo era si le convenía.

Ariel lo sabía por experiencia propia. Desde que había llegado a ese pueblo había tenido que soportar los incontables desplantes de su hermana hasta que un día ésta dejó de hablarle. El hecho no era que lo ignoraba, sino que para ella, simplemente no existía, por lo menos la mayor parte del tiempo. Al principio pensó que todo eso no era más que un berrinche fruto del enojo pero, con el paso de las semanas, cayó en la cuenta de que no era un berrinche ni de que se le iba a pasar pronto. Jessica realmente estaba enojada y decidida a sacarlo de su vida a como diera lugar… a menos que hiciera algo por ella, algo que recompensase el mal rato que pasó cuando se enteró de que él le había enviado la carta a sus padres.

Ariel, en medio de su depresión, empezó a notar los cambios en la muchacha. Cambios que, a pesar de todo, lo alegraron enormemente porque él lo único que quería era que su hermana estuviese bien. Su hermana estaba mucho más feliz que antes y todo era gracias al tonto que en esos momentos pensaba en arruinar toda aquella felicidad por un malentendido.

—No te estaba pidiendo tu opinión cuando te dije que me iría del pueblo. Yo me voy a ir de este lugar porque aquí no hay nada ni nadie que me retenga.

—Bien, si eso es lo que quieres, está bien. Espero que después no te arrepientas por haber tomado una decisión tan estúpida— dicho esto se puso de pie dispuesto a salir del lugar, sin siquiera terminar de desayunar.

—Ariel— le llamó cuando tenía el pomo de la puerta en la mano. Cuando obtuvo la atención del susodicho, continuó hablando— No le digas nada a Jessica.

— ¿Qué no quieres que le diga?—preguntó con rabia— ¿Qué viniste a este pueblo con la intención de llevártela a casa o que la has estado engañando desde que llegaste? — y dicho esto, salió del salón.


***


Jessica se había despertado tarde aquella mañana. Margaret la había dejado dormir un poco más porque decía que después de todo lo que había pasado el día anterior, necesitaba descansar. Pero eso solo era la excusa que le daba a quienes osaran preguntar; la había dejado porque sabía que no había podido pegar un ojo en toda la noche por estar pensando en Lucas.

Cuando Jessica estuvo lista bajó tranquilamente, y con aire cansado, las escaleras del hall. Allí estaban Margaret y Ariel hablando entre susurros y cuando se percataron de la presencia de la joven, detuvieron su plática y la miraron con rostro afligido. Jessica no se percató de esto, estaba demasiado somnolienta como para advertir que algo sucedía.

—Buenos días, señorita Jessica— la saludó Margaret con una pequeña sonrisa, un tanto forzada.

—Buenos días, Margaret… Ariel— les dijo al tiempo que se dirigía al comedor sin siquiera mirarlos.

Margaret y Ariel siguieron mirándola hasta que la perdieron de vista.

— ¿Piensa decírselo, joven Ariel?

—Sí, será lo mejor. Ella es la única que puede lograr que se quede aquí.

— ¿Y si no hace lo que esperamos que haga, debemos dar toda esta situación como perdida?—preguntó la mujer dirigiéndole una mirada seria.

—No, no después de todo lo que hemos logrado. Jessica y Lucas van a terminar juntos así sea lo ultimo que haga en la vida. De eso puede estar segura, Margaret.


***


Ariel estaba sentado en el gran sofá del salón con un libro en las manos, cuando Jessica hizo acto de presencia en el lugar. Él había estado evitándola todo el día no porque supiese que ella no quería estar con él porque aun estaba enojada, sino porque aún no se sentía capaz de decirle la verdad a su hermana. En realidad, solo pensaba decirle la verdad a medias. Por más enojado que estuviese con Lucas, nunca le diría a su hermana que él había estado engañándola desde el principio; eso definitivamente arruinaría los planes que tenía.

Jessica, al ver quien estaba ahí, decidió dar media vuelta y salir de allí, pero Ariel llamó delicadamente su atención. “Es ahora o nunca”, pensó. Jessica, aun en contra de su voluntad, y sabiendo que Ariel no la dejaría en paz hasta que lo escuchara, se dispuso a hacerlo.

— ¿Qué quieres?—preguntó con frialdad.

—Necesito hablar contigo de algo muy importante—iba a replicar pero Ariel la cortó con un movimiento de su mano. Estaba muy serio, cosa bastante rara en él, por lo que Jessica prefirió hacerle caso. Ya se había aprovechado demasiado de la amabilidad de su hermano. —Es sobre Lucas que te quiero hablar, por lo que creo que te va a interesar.

Jessica lo miró con aire escrutador, tratando de adivinar lo que quería decirle. Por su cara se dio cuenta de que era sobre algo serio por lo que abandonó cualquier intento de abandonar el salón y se sentó; alejada de él, cabía agregar.

— ¿Qué pasa con Lucas? ¿Has hablado con él?—preguntó tratando de no parecer muy interesada en el asunto.

—Antes que nada, me gustaría saber que pasó ayer entre ustedes.

—Nada— respondió rápidamente. Lo que menos quería era que su hermano supiese lo del beso.

—Jessica, por favor— la joven se aclaró la garganta antes de responder, con un tono no muy amable que digamos.

—Nos besamos.

— ¿Estas segura de que fue solo eso que pasó? Porque no creo que Lucas vaya a ponerse así por un simple beso.

—Lo besé para darle celos a alguien mas, ¿satisfecho?

Ariel la miró seriamente durante unos segundos, tratando de reprimirse el deseo de acribillarla con preguntas y de decirle un par de cosas por andar haciendo este tipo de cosas. Jessica esperaba con impaciencia que él dijese algo, aunque fuese una de sus molestas preguntas, pero nada salía de su boca. Su hermano estaba demasiado callado y con una expresión un poco extraña en el rostro; eso la preocupó.

— ¿Estas conciente de que cometiste un grave error al haber hecho eso, verdad?—dijo al fin, manteniendo ese inusual tono serio en su voz. Jessica le respondió que sí y el prosiguió hablando, sin darle tiempo a explicarse— ¿Y estas conciente de que si no haces algo ahora ya no habrá marcha atrás?

— ¿De qué hablas? No te entiendo— preguntó bastante confundida.

—Lucas se va a ir del pueblo, Jessica.

— ¡¿Qué?!—cuestionó mientras se ponía rápidamente de pie, alarmada. — ¿Por qué? ¿Por qué piensa hacer eso? ¿Es que acaso se volvió loco?

—Se va por lo que hiciste anoche… y por como lo has tratado desde que llegó a este pueblo. Lucas te quiere, Jessica, te quiere muchísimo y tu lo único que has hecho ha sido jugar con sus sentimientos. Él no se merecía lo que le hiciste anoche…

— ¡Ya lo se! ¿Crees que no me siento mal por haberlo hecho? Por Dios santo, Ariel, no soy un ser sin sentimientos.

—Demuéstramelo… y demuéstraselo— le sugirió, sorprendiéndola. — Ve a su casa e impide que cometa una locura.

— ¿Y qué puedo hacer? Si él quiere regresar a su casa, yo no puedo hacer nada para impedir que lo haga. Además, no voy a obligarlo a que se quede.

—Claro que puedes. Solo tú puedes hacerlo, y lo sabes. Solo tú puedes lograr que se quede aquí…contigo.

Jessica al escuchar esto se dio la vuelta para darle la espalda a Ariel, que la miraba fijamente desde el sofá.

—Yo no quiero que se quede aquí para que esté conmigo. Solo quiero…necesito que se quede un tiempo más por lo del compromiso falso; después puede volver a su casa y hacer lo que quiera.

—No trates de engañarme, Jessica. Yo se lo que sientes por Lucas y también se por qué estás tan confundida y decidida a negar lo que sientes.

Ariel se puso de pie y se acercó a ella para abrazarla por la espalda. Se sorprendió de que ella no huyera de ese gesto y se alegró al ver que ella se mostraba más tranquila y dispuesta a cooperar de lo que él pensaba que estaría.

— Lucas no es como él, Jessica— volvió a hablar Ariel, haciendo que a Jessica la recorriera un escalofrío por todo el cuerpo— Lucas nunca se atrevería a hacerte daño y lo sabes. Le importas demasiado. Además, él no es de los que hacen sufrir a las demás personas. Es un chico muy bueno, algo tonto, pero muy bueno al fin.

—Yo… no se que decir.

—Que tal si no dices nada y vas a la casa de Lucas— le recomendó mientras se separaba de ella.

Jessica le dirigió una mirada que expresaba claramente todo lo que sentía en esos momentos. Él sabía que esa era una situación difícil para su hermana pero sabía que si no la hacia afrontarse a ella ahora, nunca podría ser feliz. Todo era cuestión de no huirle a lo que el destino nos tenía preparado.

—Anda, ve— la instó.

Jessica salió del salón aún dudando si lo que iba a hacer era lo correcto, pero de todas formas no se detuvo ni titubeó cuando le dijo al chofer a donde quería que la llevase. “Ya veré lo que hago cuando esté allá”, se decía una y otra vez para no ponerse a pensar en lo que realmente tendría que hacer.

El viaje de camino a la casa de Lucas se hizo extremadamente corto. Al llegar, le pidió al chofer que no la esperase, y después se encaminó hacia la casa con paso lento pero firme. Fue recibida casi al instante por el ama de llaves que la guió, sin hacer preguntas, hacia la habitación de Lucas. No la anunció, solo la dejó frente a la puerta y la instó, sutil y amablemente a que entrase. Ella, con el corazón desbocado por la ansiedad, tomó el pomo de puerta entre su mano y lo giró lentamente.

Allí estaba Lucas, sentado en un pequeño sofá rojo vino que estaba bajo la ventana, leyendo un libro o tratando de hacerlo porque su cara mostraba que le estaba costando bastante trabajo concentrarse en lo que leía. Ella se quedó mirándolo fijamente por un rato largo, pensando en como sería su vida si él no estuviese en ese pueblo. Pensaba en cuan infeliz sería ella en esos momentos si él, por cosas de la vida, no hubiese llegado a ese pueblo. También pensaba en lo mucho que quería que se quedara allí y que no la dejara nunca. Fue en ese momento que se dio cuenta de que no podía imaginarse su vida sin él. Ya no podría hacerlo, no después de haberse enamorado de él.

Lucas, al percatarse de la presencia de la joven, dejó el libro a un lado y se puso de pie, no sin dejar de dirigirle una mirada rabiosa y recriminatoria, dispuesto a encararla.

— ¿Qué haces aquí?

—Vengo a impedir que hagas una locura… cometiendo una locura— le dijo mientras se acercaba lentamente a él; mientras sentía la fuerza de su descubrimiento sobre sus hombros. Se había enamorado de Lucas, lo había echo a pesar de que hizo hasta lo imposible para que eso no pasara.

— ¿Qué quieres decir?—le cuestionó mientras sentía como su pulso se aceleraba con cada paso que ella daba.

—No quiero que te vayas, Lucas— dijo casi en un susurro pero él lo escuchó perfectamente debido a que estaban peligrosamente cerca.

— ¿Qué…?

—Quiero que te quedes aquí… conmigo.

— ¿Por qué?

— ¿Pondrías dejar de responderme con preguntas?—le recriminó con fastidió, separándose un poco de él y cruzándose de brazos.

—Es que no te entiendo— se quejó él con cara de disculpa.

Jessica, cansada de toda esa tonta situación, acortó la poca distancia que los separaba, tomó su rostro entre sus manos y lo besó. Lo besó sin excusas, sin personas observándolos… lo besó porque quería hacerlo y porque quería demostrarle con ese gesto lo que acababa de descubrir; todo lo que él le hacía sentir y que no podía explicar con palabras porque ella tampoco entendía muy bien ese sentimiento que la invadía. Hacia tanto tiempo que no había sentido algo igual que pensó, incluso, que nunca más lo sentiría. Se encerró en una coraza de frialdad para que nadie pudiese tocarla y para que el amor no volviera a tocar las puertas de su corazón. Pobre ilusa.

Cuando sintió los brazos de Lucas rodeando su cuerpo, no pudo evitar sentirse la mujer más feliz del mundo. Pero esa sensación le duró solo un instante, al recordar que otra persona le había correspondido los besos casi de igual forma y que le había jurado miles de veces que la quería, para luego abandonarla y decirle que todo fue una mentira.

Se separó de Lucas rápidamente y le dirigió una mirada que mostraba claramente sus dudas y su miedo: miedo a sufrir, miedo a que jugasen nuevamente con sus frágiles sentimientos, miedo a que Lucas fuese como él.

Lucas, por su parte, había sentido su rabia crecer cuando vio entrar a su habitación a una Jessica bastante despreocupada y tranquila; pero este sentimiento fue rápidamente reemplazado por el nerviosismo que le provocaba la cercanía de la joven. Sumándole a ello, el hecho de que las palabras que salían de su boca lo confundían a sobremanera, para luego derribar las pocas defensas que le quedaban con un beso.

Ahora estaba frente a la joven, con un montón de sentimientos encontrados, esperando que ésta se dignase a darle una explicación. Pero ella no hablaba, solo lo miraba entre asustada y nerviosa, como si temiese que él fuese a hacerle algo. Al final, Lucas no pudo soportar tanto mutismo ni tanta tensión, por lo que se dispuso a acribillarla con preguntas, a las cuales ella solo respondió con una petición, ignorando todo lo que él le dijo:

—Prométeme que no te iras, Lucas— pidió con un tono de voz susurrante, anhelante, como si su vida dependiese de ello y no tuviese fuerzas para decirlo en voz alta.

— ¿Eso es lo que quieres? ¿Que me quede aquí hasta que se te ocurra una mejor forma de deshacer el compromiso sin quedar mal? O peor aun, ¿para seguir usándome para darle celos al tal Brian ese?—le había hablado con un tono demasiado rudo para su gusto pero no pudo evitarlo; en esos momentos no era dueño de sus actos, por lo que no se detuvo a pensar en lo que decía ni en lo que hacía.

Jessica, cuando salió de su estado letárgico, le dirigió una mirada entre confundida y sorprendida.

— ¿Aún no lo entiendes?

— ¿Cómo quieres que entienda cuando solo has dicho unas pocas palabras? ¡No me has explicado nada!

— ¡Pero es que no hace falta! Con lo que te he dicho es más que suficiente como para que una persona con dos dedos de frente entienda.

—Ahora me ofendes— se quejó, molesto.

—Demonios, Lucas, ¿Por qué eres tan complicado?

— ¿Complicado, yo? Tú fuiste la que vino aquí a confundirme con un montón de palabras sin sentido.


Lucas se arrepintió de haber dicho esas palabras al ver la expresión dolida en el rostro de Jessica. Nunca pensó que aquellas simples palabras fueran a causarle tanto malestar a la chica. Además, fue así como percibió sus palabras. En realidad, no le había prestado atención porque estaba demasiado perdido en las sensaciones y emociones que recorrieron su ser desde que la vio entrar, sumándole a esto la frustración y rabia que acarreaba de la noche anterior. En esos momentos era un caos, emocionalmente hablando.

—Así que mis sentimientos son cosas sin sentido— le dijo la joven con un tono molesto, bastante característico en ella. “Ya se había tardado”, pensó Lucas. — Estoy aquí, rebajándome, pidiéndote que te quedes aquí conmigo, demostrándote que me importas y tu solo me dices eso. ¡Eres un idiota!—y dicho esto se dio la vuelta para dirigirse a la puerta, dispuesta a salir de allí.

Lucas estaba sorprendido, más por sus palabras que por sus actos. ¿Acaso había dicho Jessica que él, el chico que había utilizado para darle celos a su casi ex-novio, le importaba? ¿Había dicho que quería que se quedara con ella? Sí, lo había hecho y muchas veces, pero él no se había molestado en escucharla o no se había detenido a pensar en lo que le decía. Maldiciendo su estupidez, salió como un vendaval de su habitación.

¿Qué debía hacer ahora? ¿Qué debía decirle a Jessica? ¿Qué sería de su vida de ahora en adelante? ¿Cómo debía comportarse frente a ella? Bajó rápidamente las escaleras que conducían al hall haciéndose estas y otras muchas preguntas sin sentido. Cuando abrió la puerta de entrada y vio a Jessica caminar por el gran jardín delantero con paso taciturno, todas las interrogantes se alejaron de su cabeza dejando en él la firme convicción de que no le importaba nada más que estar con ella.

Corrió para alcanzarla y se detuvo en seco a pocos pasos detrás de ella y no pudo evitar sonreír cuando escuchó las palabras que salían de sus labios. Cosas como “solo a mi se me puede ocurrir hacerle caso al idiota de mi hermano” o “eso me pasa por enamorarme de puros tontos” salían de los labios de la joven sin percatarse de que Lucas estaba a pocos pasos de ella y que la estaba escuchando.

—Así que te enamoras de puros tontos.

Jessica se dio la vuelta horrorizada al escuchar a Lucas. El horror fue sustituido por los nervios y la ansiedad al saberse tan cerca de él, pero no lo demostró, o por lo menos eso creía. Se suponía que ella era una experta en ocultar sus emociones aun cuando éstas pugnaban como locas por salir a flote. ¿Cuánto tiempo más iba a poder ostentar ese titulo?

— ¿Qué pasa, Jessica? ¿Por qué estas tan callada?—le preguntó Lucas con una sonrisa que a Jessica le pareció demasiado atractiva y seductora.

Era cierto que era guapo, ya lo había admitido una vez, pero nunca se había dado cuenta de cuan atractivo era el joven que tenía en frente y a pocos centímetros de distancia. Lucas era arrebatadoramente atractivo, seductor, y era eso lo que en esos precisos momentos la tenían inmóvil y sin habla. ¿Cómo era posible que ella no se haya dado cuenta antes de lo hermosos que eran sus ojos, o de las pequeñas pecas que cubrían su nariz aguileña? ¿En qué había estado pensando todo este tiempo?

Jessica se sentía realmente estúpida y se recriminaba mentalmente por estar allí, sin decir ni una sola palabra, solo mirando a Lucas con fascinación y sorpresa, cosa para nada común en ella. Lucas, por su parte, la miraba con aquellos ojos esmeraldas llenos de diversión y lo que a Jessica le pareció ser malicia.

¿Cuándo habían cambiado los papeles? ¿Cuándo había dejado de ser ella la que lo dejara a él sin palabras? Esas eran algunas de las tantas preguntas que rebotaban en su cabeza como pelotitas de ping pong y a las cuales no pudo darle respuestas porque la sacaron dulcemente de sus pensamientos. Todo su cuerpo se estremeció al sentir el contacto de la mano de Lucas acariciando su rostro, despejando todas esas molestas interrogantes y haciendo que sus mejillas se tiñeran suavemente de un tono rosa pálido.

— ¿Qué es lo que quieres?

Pudo decir como respuesta, esperando que esas palabras hubiesen salido frías y carentes de emoción. Al parecer no fue así porque un muy divertido Lucas la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí con un rápido movimiento. “¿Este es el Lucas que yo conozco? ¿No lo habrán cambiado… o drogado?”, pensó.

—Te quiero a ti, pensé que lo sabías— le dijo muy cerca de su oído a lo que la joven respondió con una agradable estremecimiento, cosa que él obviamente notó y le gustó.

—Deja de tontear, Lucas, y suéltame.

Aquellas palabras estaban tan fuera de lugar. Era más que obvio que ella no quería que se alejara pero no quería quedar como la típica chica que se derrite ante el apuesto joven; eso no iba con ella —aunque no estaba muy lejos de ser verdad en aquellos momentos—. Estaba segura de que si Lucas volvía a hacer uso de su muy bien escondido “poder de seducción”, no podría contener el irrefrenable deseo de besarlo y aunque sonara raro, no quería hacerlo. Aun estaba molesta por lo que le había dicho hacia menos de quince minutos.


—No estoy tonteando y lo sabes. Simplemente estoy diciendo la verdad. Te quiero— le dijo como si nada, casi con un encogimiento de hombros.

—Eres una caja de sorpresas, Lucas Henderson. Nunca pensé verte haciendo algo como esto.

— ¿Sorprendida?—le preguntó con una sonrisita.

—Puede ser, aunque eso no impide que esté enojada— exclamó mientras se separaba de él para seguir con su camino. Sonrió satisfecha al darse cuenta de que ahora el sorprendido era él. Por fin las cosas estaban volviendo a la normalidad, pensó.

—Espera, ¿ahora por qué estas enojada?—le cuestionó mientras se acercaba rápidamente a ella.

— ¿Te parece poco lo que hiciste hace rato? Yo vengo con todo la buena voluntad del mundo a pedirte que te quedes y tú me tratas de esa forma. Luego vienes y coqueteas conmigo. ¡Quien te entiende!

— ¿Cómo querías que estuviera después de lo que hiciste anoche? Después de tanto tiempo de peleas entre nosotros llegue a pensar que por fin habíamos llegado a una tregua…

— ¿Pensaste que iba a sellar una tregua con un beso?—preguntó con sarcasmo, alzando una de sus cejas.

—Déjame terminar. Cuando me besaste, pensé en todo menos que lo estabas haciendo para darle celos a ese chico. No sabes como me sentí al verte sonreír gracias a su turbación. ¡Me sentí usado! Creo que estaba en todo de mi derecho de enojarme contigo.

—Sí, pero eso no te daba derecho a decirme lo que me dijiste.

—Lo hice sin darme cuenta. Para serte sincero, no le estaba prestando demasiada mucha atención a tus palabras… —silencio— ¿Me perdonas?

Jessica lo miró con el ceño fruncido durante un rato para luego, después de un suspiro, asentir.

—En ese caso…

A Jessica no le dio tiempo a reaccionar porque Lucas volvió a atraerla hacia su cuerpo y la besó apasionadamente, sin importarle que estaban en medio del jardín y que probablemente los estaban observando. A Jessica tampoco pareció importarle aquello porque, cuando salió de su asombro, rodeó el cuello del chico con sus brazos y se pegó más a él, correspondiendo el beso como era debido.

Después de aquella romántica escena, la pareja se dirigió hacia la casa para pedirle a una de las empleadas que llamasen al chofer. Mientras esperaban, las miles de preguntas de Lucas salieron a flote haciendo que la joven lo mirase ceñuda y bufase exasperada. ¡Como odiaba aquel continuo interrogatorio de Lucas! Para callarlo y así evitarse el tener que responderle, lo tomó por el cuello y lo besó. La empleada, como era de esperarse, entró y los encontró besándose provocando las risas de Jessica por la turbación de la empleada y por el sonrojo de Lucas.


El viaje de camino a la casa de Jessica no duró mucho por lo que antes de lo esperado ya se estaban despidiendo con otro beso, no tan prolongado como los otros porque el chofer los miraba, disimuladamente, a través del espejo retrovisor.

Jessica le había pedido que no la acompañase hasta la entrada y que no dijese nada de lo que había pasado entre ellos ya que quería que fuese una sorpresa. También le dijo que no les convenía estar diciendo nada porque eso haría que las demás personas empezasen a hacer preguntas que podrían delatarlos. Él, no muy convencido, aceptó y vio como en los labios de la chica aparecía una misteriosa sonrisa maliciosa. Algo tramaba, de eso estaba seguro, y lo más probable era que no le gustase saber que era.

Con una expresión confusa en el rostro, vio a la joven salir del auto y avanzar unos cuantos pasos hacia la entrada de la casa en donde Margaret y Ariel la estaban esperando. Cuando las tres personas se perdieron de vista tras la gran puerta de entrada, le pidió al chofer que regresaran a la casa. Estaba demasiado cansado y lo único que quería era irse a la cama para tratar de dormir sin que lo asaltaran las dudas.

Capitulo 9  

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***

“Cada vez que te veo, siento como mi corazón se acelera y unas inmensas ganas de besarte se apoderan de mi. Ya no soy dueña de mi misma porque desde que me miraste por primera vez, te adueñaste de mi ser, de mi raciocinio y de mi entereza. Todo lo que soy, se lo debo a lo que me haces sentir”.

***

Las semanas siguientes fueron una completa tortura para Jessica. Ángela se había empecinado en organizar una serie de reuniones en las cuales requería explícitamente la presencia de la joven pareja. Ángela disfrutaba, con insultante malicia, de la cara que ponía Jessica cada vez que le decía que tenía que asistir a algún evento con su futuro esposo. Lucas, para hacer la situación más molesta para la joven, solo reía al ver las expresiones en el rostro de “su prometida”.

Jessica odiaba eso; odiaba verlo reír a costa de su enojo, odiaba ver a todo el mundo feliz y entusiasmado con una boda que no se llevaría a cabo, pero sobre todo, odiaba a su hermano por ser tan chismoso. Este, muy en contra de su voluntad, les había enviado una carta a sus padres para anunciarles su futura unión con Lucas.

Ella le habia dicho que no tenía porque hacer eso ya que esa boda no iba a llevarse a cabo, pero él siempre le respondía que lo mas importante era que sus padres supiesen la noticia por ellos mismos. No se habia detenido a pensar que con el envío de esa carta, estaba diciéndole a sus padres que sabía el lugar exacto en el que se encontraba su hermana y de paso, les daba la dirección.

Cuando se dio cuenta del error que habia cometido ya era demasiado tarde; la carta llegaría a manos de sus padres y pronto recibiría la respuesta. A pesar de eso no se arrepentía de haberlo hecho. Sabía que al final, mientras mas personas supiesen del compromiso, mas difícil se le haría a Jessica romperlo.

Él no le habia dicho que había enviado la misiva, pero no hizo falta; Jessica se enteró porque a Margaret se le escapó mientras conversaban. Ella se mostró serena, como si aquella noticia no la hubiese afectado y como si no le importase en lo más mínimo. Margaret la miraba intensamente, tratando de adivinar lo que pasaba por la cabeza de la joven pero, como era de esperarse, no se enteró de nada.

A los pocos minutos, Jessica se habia puesto de pie, aún con una sonrisa en los labios, y se disculpó con ella diciendo que tenía un compromiso al cual no podía faltar; no volvieron a verla hasta entradas hora de la noche cuando regresó a casa acompañada de Lucas.

***

Era una hermosa tarde y el clima era perfecto para salir a pasear o para quedarse conversando en los jardines. Por esta razón, los Henderson y los Smith se reunieron en la plazoleta del jardín trasero de la casa de estos últimos para tomar el té.

Por alguna extraña razón que los Henderson desconocían, sus anfitriones estaban exultantes de alegría. Algo había pasado que había vuelto a encender sus ya apagados corazones. Y ese algo, según creía Josh, tenía que ver con su hijo perdido (porque suponía que Ariel se había perdido al igual que su hermana). Después de un rato de charla banal y despreocupada, los Smith tomaron la palabra y les comunicaron que tenían algo importante de que hablarles.

Josh no estaba interesado en saber lo que querían decirle; suponía que tenía que ver con negocios o con los logros que había alcanzado Ariel en donde sea que se encontrase, por lo que nunca se le pasó por la cabeza que la noticia tenía que ver con su desaparecida hija.

Cuando Jocelyn dijo que su pequeña hija iba a contraer nupcias dentro de poco, Josh no pudo evitar sorprenderse. Se suponía que ellos llevaban años desconociendo el paradero de Jessica, buscándola hasta debajo de las piedras sin dar con ella; pensando que tal vez le había pasado algo malo o que, a esas alturas, ya estaba muerta., ¿Cómo se habían enterado, entonces, de semejante noticia? ¿Acaso Jessica, después de aquellos seis largos años de anonimato, había decidido dar señales de vida con el anuncio de su boda?

La voz del señor Smith lo sacó de sus profundas cavilaciones.

—Josh, ¿tu sabías lo de la boda desde antes?

Josh no entendía por qué le preguntaba eso. ¿Cómo iba a saber él que Jessica se iba a casar? La ultima vez que había sabido algo de ella fue cuando Richard, su padre, le informó que se había fugado de su casa. De la única forma en la que él se hubiese enterado de lo de la boda, era si hubiese tenido contacto con la joven o con alguien que lo conociese y que estuviese con ella en esos momentos.

—No, yo no sabía nada— respondió después de unos minutos de silencio.

—Pensé que Lucas te había contado lo del compromiso antes que a sus padres. Ya sabes, por eso de que confía más en ti, que eres su hermano— dijo con una sonrisa.

Josh tardó un par de segundos en unir todas las piezas de aquel rompecabezas. Cuando lo logró, la expresión de su rostro se convirtió en una clara muestra de sorpresa y enojo. Jackeline, su madre, lo miraba con preocupación y aprehensión. Había hecho todo lo posible por ocultar aquella noticia a su hijo por el simple motivo de que sabía que no se lo tomaría muy bien; temía por su reacción y justamente venia a enterarse de esa forma, y en casa de los Smith.

Josh, contrario a lo que ella esperaba, esbozó una pequeña sonrisa y habló con toda la calma de la que era poseedor.

—Hace mucho que Lucas no me cuenta sus secretos, Edmond. Ahora prefiere tener como confidente a mi madre, por lo que yo pasé a un segundo plano.

Richard, el padre de Josh, miró a su esposa con los ojos entornados y con un falso tono de reproche le dijo:

—Con que tu sabías lo el compromiso. ¡Que bien te lo tenias guardado, Jackeline!

Todos rieron a excepción de Josh que parecía más serio, incluso más que antes. Ninguno notó su cambio de actitud por lo que siguieron conversando animadamente hasta que cayó la tarde. Los Henderson se despidieron y tras hacerles una invitación a los Smith para que los visitaran pronto, emprendieron el camino a su casa, la cual estaba a unas cinco cuadras de allí.

***

Lucas estaba sentado en un sillón frente a un gran ventanal. Se había instalado allí minutos después de que Ariel se despidiera de él a eso de las siete de la noche.

Ellos, desde tempranas horas de la tarde, habían estado hablando sobre Jessica y sobre lo que harían de ahora en adelante. Sus vidas habían cambiado con la llegada de ambos al pueblo y sus planes ya no eran los mismos con los que habían llegado, por tal motivo, tenía que decidir que iban a hacer. Todo esto vino por que Ariel se había sincerado con él y le había contado lo que había estado planeando con Ángela y con Margaret durante su estadía en el pueblo.

Lucas se sorprendió al escucharlo pero no dio muchas muestras de ello. No quería mostrar ningún tipo de emoción ya que temía que la felicidad que sentía al saber que tanta gente deseaba verlo casado con Jessica saliera a flote y lo expusiera ante Ariel. No quería revelar su secreto.

De todas formas no hacía falta. Ariel conocía de sobra los sentimientos que albergaba el corazón de Lucas hacia su hermana. Siempre lo supo pero nunca dijo nada porque consideraba que si Lucas no se lo había dicho, era porque no quería que él se enterara o porque estaba demasiado avergonzado; o quizás hayan sido ambas cosas.

Cuando Ariel hubo terminado de contarle todo, Lucas decidió que era su turno de sincerarse también. Le contó que junto a su madre habían estado buscando a Jessica durante muchísimo tiempo y que, por extraño que pareciera, no habían dado con ella. Lo que sí habían conseguido, gracias a los investigadores privados, eran tres posibles lugares en los que podría encontrarse la joven. Lucas decidió en aquel entonces que lo mejor era ir a buscarla personalmente y así fue como llegó a ese lugar.

Al principio a Ariel le resultaba difícil creer aquello. No era que no le creyese a Lucas; sabía que su amigo no le mentía, podía ver la veracidad de sus palabras reflejada en sus ojos. Su incredulidad venía del hecho de que encontró a Jessica sin siquiera proponérselo realmente cuando se había pasado seis largos años buscándola con intensidad. Esa definitivamente había sido una jugarreta del destino.

Lucas decidió que lo mejor era no contarle el verdadero motivo de su viaje. Ariel, en una ocasión, le había advertido sobre el llevarse a Jessica de regreso a casa. Lucas sabía que él no estaba de acuerdo con eso y si se lo contaba, sería capaz de hacer hasta lo imposible para impedir que sacara a su hermana de allí. Ariel era capaz de hacer cualquier cosa por Jessica.

Después de sincerarse y de un rato de silencio, ambos chicos empezaron a buscarle respuestas a sus múltiples preguntas y a pensar en lo que harían de ahora en adelante. Jessica, por lo menos, se mostraba más amistosa con Lucas lo cual inclinaba la balanza un poco a su favor. Ariel no corría con la misma suerte porque su hermana, desde lo de la carta, no quería saber nada de él. Se comportaba como si él no estuviese viviendo bajo el mismo techo lo que le convenía a Lucas enormemente. Jessica, con tal de no estar cerca de su hermano, pasaba varias horas con él. Esto no suponía un gran cambio en su relación pero por lo menos, ella no estaba tan fría y distante.

Al final, Ariel se había puesto de pie, un poco frustrado — porque no le habían encontrado ninguna salida a su situación— y después de dedicarle a Lucas unas últimas palabras salió del salón. Ahora Lucas permanecía allí, en aquel sillón, de espalda a la puerta, pensando en lo que su amigo le había dicho.

“Nuestros padres ya saben lo del compromiso”.

Por mas que quisiese no podía dejar de sentirse intranquilo. El hecho de que sus padres supiesen que Jessica y él estaban comprometidos no suponía un gran problema. Cuando ellos volvieran, les explicarían todo con calma y problema resuelto. Lo único que le preocupaba era como se había tomado la noticia su hermano. Si solo con imaginarse, meses atrás, que iría en busca de la joven lo había alterado bastante, no quería ni pensar en lo que le diría o haría cuando lo viera. Cerró los ojos con gesto cansado y se apoyó en el respaldo del sillón.

—Disculpe que lo moleste, señor— dijo una empleada desde el umbral de la puerta.

— ¿Qué sucede?—cuestionó con cansancio.

—Ha llegado una carta para usted y, según lo que me dijo el mensajero, parece urgente— la empleada acortó la distancia que la separaba de Lucas y le entregó el sobre. El joven le agradeció sin siquiera dirigirle la mirada y le indicó que podía retirarse.

Cuando estuvo a solas, abrió el sobre sintiendo una ligera opresión en el pecho; sensación que se hizo más fuerte cuando leyó las pocas líneas que adornaban el papel.

La carta era de Jackeline y decía que las cosas no andaban muy bien por ahí y que lo mejor sería que regresara. Quizás, de esa forma, podrían aclarar las cosas antes de que fuese demasiado tarde y el autocontrol de Josh se fuese abajo. No es que le tuviese miedo a Josh ni nada parecido, era su madre después de todo, lo que sí le preocupaba era lo que su hijo pudiera hacer en contra de Lucas o de la misma Jessica. Ella sabía muy bien que todo lo que tuviera que ver con esa chica molestaba a su hijo mayor a sobre manera.

Lucas, cuando hubo terminado la carta, maldijo por lo bajo. Antes las cosas no estaban bien, ahora estaban peor. Justo ahora que su relación con Jessica empezaba a mostrar cambios tendría que volver a su casa. Se sintió tan mal de solo pensar que los avances que había logrado en esos meses, se desmoronarían cuando Jessica se enterase de que todo eso no fue mas que un elaboradísimo plan; que su llegada al pueblo no fue por casualidad y que lo del compromiso falso no fue mas que una jugarreta de Margaret — sin su previo conocimiento, cabía mencionar.

Sabía que ella no se lo perdonaría por más que le explicara sus razones y no podía culparla, por lo menos no del todo. Jessica, tal y como le había dicho Ariel, había sufrido mucho, a tal punto de que desconfiaba de todo el que se acercase a ella. Solo Margaret, Brian y él habían logrado de alguna manera u otra cruzar esa barrera y con sus actos, habían hecho que la confianza y cariño que ella había depositado en ellos pendiera de un hilo e incluso, ese hilo se había roto en una ocasión.

Brian ya no formaba parte de la lista de personas en las que Jessica confiaba sino en la de las personas que se habían ganado su odio. Lucas había visto ese sentimiento reflejado en sus ojos y un escalofrío recorrió su espalda con solo imaginar ese odio dedicado a él.

Movió la cabeza para despejar su mente de esos pensamientos; se acomodó en su asiento y se dedicó a contemplar el paisaje con gesto afligido.

En medio de su aprehensión escuchó pasos y un delicado aroma inundó sus sentidos. El mismo aroma que inundaba su habitación a pesar de que ella nunca había puesto un pie en ella. No se dio la vuelta para recibir a su invitada, sino que se quedó allí, tranquilo, como sino se hubiese percatado de su presencia. A Jessica no pareció molestarle este gesto porque se sentó con calma en un sillón que se encontraba al lado del de Lucas.

— ¿Por qué tan serio?— preguntó con un tono de voz carente de interés, mas sabía que ella estaba interesada en saber el motivo de su seriedad. Él no la miró, no se sentía capaz de hacerlo.

—Es solo que me enteré que nuestros padres saben lo del compromiso. Supongo que estarán muy contentos porque recibieron noticias tuyas y porque pronto vas a casarte— respondió con cierta amargura, después de un rato.

—Tal vez estén mas que contentos porque supuestamente me casaré con un Henderson— le dijo en el mismo tono, aunque algo mas sombrío.

— ¿Qué haremos ahora, Jessica? Todo esto se nos salió de las manos.

—Nunca estuvo en nuestras manos, Lucas. Desde el principio supe que esto no terminaría bien.

—Pero, aun así, seguiste con esta farsa— le dijo, mas no había reproche en su tono de voz.

—No tenía de otra. ¿Crees que si hubiese tenido otra opción hubiese seguido con esto?

—Lo se. Lo ultimo que querrías en el mundo sería casarte con alguien como yo— le recordó con un intento de sonrisa. Jessica lo miró seriamente unos minutos sintiendo como el pesar de Lucas la invadía a ella también.

—Sabes que no tiene nada que ver contigo— le aseguró con gesto cansado y abatido. Hizo una pausa en la que se dedicó a mirar por el ventanal— ¿Qué debemos hacer ahora?—preguntó y la pregunta parecía mas para ella que para él.

—Para serte sincero… no lo se. Ariel y yo estuvimos buscándole una solución a todo este embrollo pero no llegamos a nada.

—Ariel es el responsable de todo esto. Él fue el que les envió la carta a mis padres aun cuando le dije que no lo hiciera… Es un idiota.

—Sus razones debió haber tenía para hacer eso, ¿no lo crees?

—Sus razones me importan muy poco. Aquí lo único importante es que gracias a su idiotez, nosotros estamos en un apuro.

—Eso es cierto, pero insultando a Ariel, no le encontraremos una solución a esta situación— le dijo con una sonrisa.

Ella se quedó mirándolo unos segundos y advirtió en sus ojos un brillo extraño. Sabía que le ocultaba algo pero no era quien para cuestionarlo. Ella misma le ocultaba muchas cosas porque no confiaba del todo en él, así que no podía culparlo por querer hacer lo mismo con ella.

Profirió un gran suspiro antes de ponerse de pie.

—No se tu, pero yo no tengo ganas de quedarme encerrada siendo martirizada por mis problemas. ¿Por qué no te animas y das un paseo conmigo?

—Si es lo que quieres— dijo mientras se ponía de pie. Jessica rió suavemente y su risa pareció sacarlo de su estado, llenándolo por dentro de una agradable y reconfortante calidez.

—Tu siempre tan complaciente. No estaría mal que algún día hicieras algo porque quieres y no para complacer a otros— inquirió mientras caminaba hacia la salida— Te ahorrarías muchos problemas.

—Tienes razón pero ¿Qué es de la vida sin un poco de acción?

—Hablas como si tu vida fuese muy divertida— dijo antes de salir muerta de la risa del salón.

Ambos chicos, uno al lado del otro, se dirigieron hacia la plaza del pueblo mientras charlaban tranquilamente sobre temas banales. No querían volver a tocar temas serios, por lo menos no esa noche. Ambos tenían demasiadas dudas, pensamientos y sentimientos encontrados como para agregarles más. Además, lo que harían tendrían que decidirlo en un lugar mas tranquilo y privado, y no en medio de la plaza rodeados de personas curiosas y que querían saber todo lo que pasaba entre la nueva pareja de enamorados.

Capitulo 8  

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***

“No sabría describir lo que siento por ti. Quizás sea amor, quizás sea odio, o quizás sean ambas cosas. La verdad, no lo se. Lo que si tengo claro es que no puedo vivir sin ti…”

***


Lucas se despertó temprano aquella mañana aun en contra de su voluntad. Hubiese querido quedarse en cama mas tiempo pero no pudo. Cada vez que cerraba los ojos el recuerdo de lo que había visto la noche anterior lo atormentaba dolorosamente, haciendo que su corazón sangrase y se despedazase en mil pedazos. Sufría, sufría como un condenado pero no decía nada y mucho menos lo demostraba. Debía ser fuerte y no darle a Jessica el placer de verlo decaído. Se suponía que él iba a ser el que derrotara su orgullo y no al revés.

A eso de las diez de la mañana, recibió la visita de un Ariel bastante preocupado y alicaído. Éste le explicó que su bajo estado anímico se debía a que su hermana se había encerrado con llave en su habitación y no había salido ni siquiera a desayunar. Tocaron a su puerta, la llamaron, trataron de abrirla pero nada. Era imposible saber si estaba bien o mal, si estaba ahí o no.

Lucas no dijo nada. No tenia idea de porque ella se comportaba de esa forma; quizás lo hacia porque quería llamar la atención, o simplemente, porque quería fastidiar a los otros. Jessica sabía que había muchas personas pendientes de ella y que si se encerraba en su habitación o si le daba por salir de casa sin avisar, todos se iban a preocupar y la iban a buscar como locos.

Ariel siguió hablando de su hermana hasta que Lucas se cansó de eso y le puso un alto a su discurso. Ariel, mas que sorprendido por su actitud, le preguntó qué le pasaba y como era de esperarse Lucas dijo que no pasaba nada; Ariel no le creyó. Éste no era ningún ingenuo y Lucas lo sabía muy bien, pero no perdía nada con intentarlo. Supuso que estando Ariel tan preocupado por Jessica como estaba, no iba a fijarse en la cosas que le pasasen a él.

Que poco lo conocía.

—Lucas, nos conocemos desde pequeños, ¿crees que vas a poder engañarme así tan fácil?— cuestionó el joven mientras se sentaba en el gran sofá.

—No te estoy engañando, Ariel. No me pasa absolutamente nada.

—Ya… ¿y crees que te voy a creer? Yo se que a ti te pasa algo y está relacionado con lo que le pasa a Jessica; estoy seguro— inquirió mientras se acomodaba.

—Para nada. Lo de ella tiene que ver con otra cosa— respondió dándose la vuelta para dirigirse a la ventana.

— ¿Y qué puede ser eso? Dame una pista porque yo no tengo ni idea.

—Quizás se deba al hecho de que está haciendo algo que no quiere.

—Tu también estás haciendo algo que no quieres— apuntó mientras le dirigía una mirada sarcástica— ¿O me equivoco, Lucas?

—No, no te equivocas, pero en mi caso es distinto. Yo simplemente la estoy ayudando…

— ¿Por qué?—lo interrumpió abruptamente

—Porque necesitaba que alguien le hiciese un favor.

—Pero ella te ha estado tratando mal desde que llegaste, ¿Por qué lo haces?—insistió en un tono de voz que a Lucas no le gustó. Era como si supiese algo y solo quisiese confirmarlo.

— ¿A dónde quieres llegar, Ariel? Ya me estoy cansando de todo esto— respondió de mala gana mientras se daba la vuelta para mirarlo seriamente. Su amigo se puso de pie y se dirigió hacia él.

—Que genio te gastas, amigo mío. Yo solo quiero saber por qué estás tan triste. Y no me vengas con eso de que estás bien porque pierdes tu tiempo. Como te dije hace rato, te conozco y se que algo malo te pasa. Además, se te nota… y mucho.

—Si te hace sentir mejor, no es nada con lo que no haya lidiado antes— respondió encogiéndose de hombros, quitándole importancia al asunto.


Lucas pensaba que lo mejor era que Ariel pensase que lo que le pasaba no era nada del otro mundo para que no empezase nuevamente con sus desesperantes pero certeras preguntas. Además, no tenia ganas de escuchar el sermón que vendría después de decirle lo que le pasaba; porque estaba seguro de que su amigo no se quedaría sin sermonearlo.

Para su sorpresa, Ariel esbozó una sonrisa triste y pesarosa. Una sonrisa que denotaba un profundo pesar. Lucas lo miró con curiosidad.

—No puedes seguir así, Lucas —respondió seriamente— No puedes pretender que todos sean felices a costa de tu sufrimiento.

— ¿De qué hablas?

Lucas estaba confundido y preocupado. Su amigo no solía mostrarse así, tan serio, tan triste. Solo una vez lo vio con una actitud similar a esa y fue en los días posteriores a la huida de Jessica. Al ver en su rostro la misma expresión de tristeza que le había visto años atrás, supo que de lo que le hablaba estaba relacionado con ese tema. Ariel conocía los motivos por los cuales Jessica se había ido de casa y esos motivos resonaban en su cabeza tan nítidos que le provocaban la misma pena y angustia que antaño, cuando su hermana se lo contó con el rostro bañado en lágrimas.

— Hablo de todo lo que está pasando — respondió después de un rato, sacándolo de su ensimismamiento— Yo se cual es el motivo por el que estás aquí… No, Jackeline no me lo dijo —aseguró al ver que su amigo iba a preguntar— Solo te advierto una cosa, no todo lo que creemos que es lo correcto es lo mejor.

>>No trates de forzar las cosas porque te puede ir muy mal. Es mejor que todo siga tal y como está ahora. No trates de forzar a Jessica para que regrese. Ella ha sufrido mucho y lo que menos se merece es volver a donde todo empezó y volver a hacer las mismas cosas que la llevaron a…

Ariel interrumpió abruptamente su discurso al darse cuenta de que estaba a punto cruzar la delgada línea que le impedía hablar sobre el pasado de su hermana. Se había dejado llevar por el momento y por poco le habría contado a Lucas lo que había motivado a Jessica a huir de la forma que lo hizo. No era agradable de recordar, mucho menos de decir, pero se había creado en el lugar una atmósfera que había propiciado que le doliese menos expresarse. No sabía si había sido fruto de la confianza que sentía por Lucas o por que necesitaba contárselo a alguien, solo sabia que ese algo que lo había incitado a contarlo, los cubría como si de un manto se tratase.

Lucas se había dado cuenta de esto y había decidido que lo mejor era cambiar de tema. Por tal motivo le preguntó, con un tono irónico, el verdadero motivo de su visita al pueblo.

Al cabo de unas horas, Ariel salió de la casa de Lucas sintiéndose mas tranquilo, y aunque sonara extraño, bastante feliz. Aunque había notado el desinterés que su amigo mostraba ante lo que le había contado sobre Jessica, sabía que en el fondo, Lucas estaba muy preocupado y que sería capaz de hacer hasta lo imposible por lograr que ésta se sintiese mejor.

Caminó rumbo a su auto el cual estaba al otro lado de la calle, oculto tras unos arbustos. Desde la casa no se podía ver pero desde el auto había una perfecta vista de la imponente casa que se alzaba cerca de la plaza. Antes de entrar al auto, se dio la vuelta y le echó una última mirada. Sonrió al comprobar que sus suposiciones no eran falsas. Lucas no se iba a quedar tan tranquilo sabiendo que Jessica estaba mal.

— ¿Desea que lo lleve a algún otro lado, señor?— cuestionó el chofer atrayendo su atención desde el otro lado del auto.

Ariel asintió y le pidió que lo llevase cuanto antes a la casa de Ángela. Necesitaba hablar con ella lo antes y posible. Necesitaba dejar unos cuantos asuntos arreglados antes de emprender el viaje de regreso a su hogar. Viaje que se efectuaría antes de lo planeado, esperaba, para poder llevar a cabo su plan.


***

Jessica permanecía encerrada en su habitación y estaba en esos momentos terminando de arreglarse. Hacía más de dos horas que los incesantes toques a la puerta y los continuos llamados de Margaret y su hermano habían cesado, lo cual había dejado en el ambiente un silencio denso y pesado. Silencio que le sirvió para poner sus ideas en orden, para pensar en todo lo que le había pasado la noche anterior; una de las peores noches de su vida.

La prueba de ello eran los moretones que tenía en los antebrazos y en la espalda, además de la hinchazón de sus ojos producto de las horas de llanto por las que había pasado. Sí, había llorado muy en contra de su voluntad. Se había jurado así misma que jamás volvería a llorar por un hombre pero tuvo que tragarse sus palabras. No le quedaba de otra. Era eso, o saltar por la ventana. Por suerte ahora ya estaba mas tranquila y mas relajada pero no por ello menos dolida. La herida que le había dejado Brian en el corazón era tan grande que tardaría semanas, quizás meses en sanar.

Respiró profundo y cuando hubo terminado de ponerse los zapatos se puso de pie. Caminó hacia donde se encontraba el espejo de cuerpo entero y contempló su apariencia enfocándose en sus brazos. Las mangas de su vestido cubrían a la perfección las marcas por lo que no tenia de que preocuparse. Satisfecha con su apariencia, salió de la habitación sigilosamente y se dirigió de la misma forma hacia el jardín trasero de la casa.

Quería ir al lago, necesitaba hacerlo por lo que, ignorando el hecho de que Margaret conocía su fascinación por aquel lugar, se encaminó hacia allí. Cuando estaba a escasos pasos de la vieja plataforma de madera, vio a alguien sentado en el lugar que solía ocupar. No tuvo necesidad de verle la cara, sabía de antemano quien era la persona que irrumpía en su “lugar privado”.

Se dio la vuelta exasperada, pero en su intento de retirarse de allí sin hacer el menor ruido, pisó una rama seca que crujió al partirse limpiamente por la mitad. Se quedó inmóvil, rogándoles a todos los dioses que Lucas no hubiese escuchado nada, pero el sonido que producían las pisadas de él sobre la plataforma le indicaron que sí lo había hecho y que se estaba acercando a ella con pasos rápidos.

Ignorando esto, emprendió la marcha de regreso a la casa. Quería huir, quería estar lejos de Lucas, quería impedir que la viera en el estado tan deplorable en el que se encontraba. Además de esto estaba el hecho de que seguía molesta por lo que le había dicho la noche anterior. Todavía las palabras “…Prefiero pensar que está muerta y que tu solo eres una copia barata de ella” resonaban en su cabeza.

Lucas la llamó y le pidió de favor que le dedicara solo unos minutos de su tiempo. Ella se detuvo resignada ante el hecho de que tendría que escucharlo, pero no dejó de darle la espalda. Le preguntó que era eso que quería decirle y le instó a que fuera breve. Él, después de un largo suspiro, se disculpó por todo lo que le había dicho la noche anterior, procurando que sus palabras reflejaran cuan arrepentido estaba.

Le pidió perdón por haberla besado y por no haber hecho nada para evitar que la fiesta de la noche anterior se hubiese llevado a cabo. También le dijo que, de no haber sido por él, no hubiese tenido que pasar por toda esa dolorosa situación, refiriéndose, obviamente, a todo lo que ella tuvo que pasar en el salón.

El corazón de Jessica latía rápidamente mientras una sensación calida y hermosa recorría su ser haciéndola sentir mejor, menos triste. Sentía que se había quitado un peso de encima al escucharlo. Dios, cuan feliz la habían hecho esas simples palabras. Cuan bien se había sentido al saber que él se sentía culpable y preocupado por lo que a ella le pasaba. Al saberse, de alguna forma, querida por él.

Sonrió, pero esa sonrisa no duró mucho. Algo en las últimas palabras de Lucas le había dado la impresión de que algo andaba mal. Algo había pasado la noche anterior y ese algo era el responsable de que las palabras de Lucas salieran teñidas de rabia y frustración. Se dio la vuelta bruscamente y le dirigió una mirada entre enojada y asustada.


— ¿Nos viste, cierto? Nos viste a Brian y a mí en el jardín de la casa de Ángela.

Lucas desvió la mirada, entre avergonzado y enojado. Jessica no necesitó que se lo confirmara; con la expresión de su rostro bastaba para saber que los había visto. Se acercó a él hecha una furia y le dio una gran bofetada.

— Eres un imbécil. ¿Cómo pudiste permitir que lo hiciera? ¿Cómo pudiste dejar que me maltratara de esa forma?—le reclamó entre indignada y dolida. Él la miró con una clara expresión que denotaba su incredulidad.

—Él no te estaba maltratando; al contrario— respondió con enojo.

Ella palideció. Eso quería decir que Lucas no había visto como Brian la maltrataba sino cuando se besaban. Él pensaba que ella había querido ese beso y por eso estaba así. Se sintió tan estúpida por haber reaccionado de esa forma y por haberle pegado que se puso a reír como una tonta. Lucas la miraba sin comprender. Hacía solo unos minutos había estado rabiando como una fiera y ahora reía por nada. Definitivamente, esa niña estaba cada día más loca, pensó.

Jessica caminó lentamente hacia él y acarició suavemente la mejilla en la que le había pegado. Él, al sentir la caricia, dio un pequeño respingo.

— ¿Te duele?—le preguntó con suavidad, sin mirarlo a los ojos.

Su expresión era seria, no mostraba ningún tipo de emoción. Contrario a Lucas que estaba completamente rojo y tenía el pulso acelerado. Él, después de unos segundos y aún presa del asombro, negó con la cabeza. Ella sonrió.

—Lo siento. Siento haberte pegado pero es que creí que...

—No pasa nada. No tienes que darme explicaciones de todas formas. Además, el hecho de que me lo digas no va a hacer que me duela menos— aseguró mientras se llevaba la mano a la mejilla.

Ella no le dijo nada; no hacia falta que lo hiciera. Lucas se quedó mirándola, tratando de adivinar que pasaba por su cabeza en esos momentos y se encontró con un extraño brillo en sus ojos; era una mezcla de dolor y rabia. Si saber muy bien por qué, recordó las palabras que le había dicho antes y se atrevió a formular una pregunta, sabiendo de antemano que tal vez ella no le respondería.

— ¿Quién era ese chico, Jessica?—la expresión del rostro de la joven se convirtió en una mueca de desagrado. Se alejó de él con paso resuelto rumbo a la plataforma y se sentó en el borde, en silencio. Lucas se quedó allí, estático, sin saber que hacer.

—No es nadie— respondió después de un rato largo.

Lucas caminó lentamente hacia ella y, con algo de timidez, se sentó a su lado. Ella suspiró profundamente antes de proseguir y contarle un poco sobre el joven con el que la había visto.

— Su nombre es Brian Debrand. Nos conocimos en una de las tantas fiestas que se acostumbran a celebrar en este pueblo. Desde el principio nos llevamos muy bien. Él venía a visitarme a menudo, charlábamos largo rato, paseábamos por el pueblo… en fin, pasábamos casi todo el día juntos. Éramos grandes amigos, debo decir.

Lucas la escuchaba atento, sin dejar de mirarla ni un solo segundo. Tenía muchas preguntas que hacerle pero no quería interrumpirla, no ahora que había empezado a contarle algo sobre su pasado…y sobre su extraña relación con Brian.

—Después de un tiempo— prosiguió ella después de unos minutos de silencio— las cosas empezaron a cambiar entre nosotros. Había algo entre nosotros, por lo menos eso creía, que nos instaba a estar cada vez mas cerca, a querer cruzar los limites de la amistad. Llámalo atracción si quieres, aunque yo no lo veo de ese modo. En fin, una noche, sucumbimos ante el deseo y… ya no pudimos parar.

Jessica hablaba como si todo eso no tuviese que ver con ella. Su tono de voz no denotaba ningún tipo de emoción pero sus gestos la traicionaban por momentos. Era tanta la rabia que sentía, no solo hacia Brian sino también hacia ella, que por mas que se esforzara por mostrarse ajena a todo eso no podía.

Lucas, con un tono que denotaba cierta decepción, la sacó de su letargo con una pregunta. Ella captó tal emoción pero no le dio mucha importancia; no ahora que por fin, después de tanto tiempo, se estaba quitando ese peso de encima.

— ¿Novios, Brian y yo? No, eso estaba muy lejos de ser lo que éramos— respondió con calma— Admito que me gustaba y que me sentía muy bien cuando estaba con él pero nada mas. Yo no estaba en busca de compromisos y debí suponer que él tampoco lo estaba, pero, para ese entonces estaba algo…ciega. Me dejaba llevar por lo que sentía sin detenerme a pensar en las consecuencias.

— ¿Qué cambió entre ustedes para que ahora hables así de él?

—Solo me di cuenta, demasiado tarde, que estaba jugando un juego muy peligroso. Mis sentimientos hacia él estaban cambiando y yo no podía permitir que eso sucediera, por lo que corté mi relación con él. No más besos, ni escapadas nocturnas, nada. Tratamos, sin embargo, de retomar nuestra amistad pero fue imposible. Habían sucedido demasiadas cosas entre nosotros como para que las olvidáramos tan fácilmente.

>>Un día, poco antes de que llegaras, recibí una invitación para desayunar en su casa; con gusto acepté. Esa mañana, después de tanto tiempo alejada de él, volví a verlo, pero esta vez con otros ojos. Su madre me había dicho, momentos antes de que él y su padre bajaran, que su hijo tenía intenciones de proponerme matrimonio y que estaba muy entusiasmado con la idea. No se por que pero no me gustó saber eso.

Entre Brian y yo nunca hubo palabras de amor ni planes para el futuro, tampoco fuimos novios. No tenía por que proponerme matrimonio si sabía mejor que nadie que entre mis planes no esta casarme ni sostener una relación con nadie. No me atreví a preguntarle por qué lo hacía, aunque de todas formas no hizo falta. Mas tarde descubrí cuales fueron sus motivos y para serte sincera hubiese preferido no hacerlo.

Silencio. Lucas supo que ella no iba a decir nada más, pero no hacia falta que lo hiciera. La tristeza que reflejaban sus ojos era suficiente para saber que eso que había descubierto la había herido profundamente. Instintivamente, se acercó un poco más a ella y le pasó un brazo por los hombros.

Ella apoyó su cabeza en su pecho y se dejó abrazar por él. Se sentía extraña pero bien, por muy extraño que pareciera. En los brazos de Lucas se sentía segura, confiada; sentía que nada malo podría pasarle porque él estaba ahí, a su lado, protegiéndola. Nunca, en lo que le quedaba de vida, le confesaría eso a nadie; mucho menos a él.

—Anoche, cuando salí al jardín, no lo hice con intenciones de verme a escondidas con él, si es lo que estás pensando— aseguró ella después de un rato, al notar lo serio que se había puesto el joven— Salí a tomar un poco de aire, a despejarme, pero no pude. Él me persiguió hasta tenerme acorralada y prisionera entre sus brazos…

—Y te besó a la fuerza— dijo con enojo.

—No…solo me besó y yo le correspondí. Después de eso… no pasó nada mas— respondió ella poniéndole punto y final a la charla sobre Brian— Volví a la fiesta y ya sabes lo que pasó después.

—Gracias— respondió él después de un rato de silencio, en el que se había quedado sopesando las palabras de la joven mientras jugaba con uno de sus largos mechones de cabello.

— ¿Por?—le preguntó mientras se separaba un poco de él, lo suficiente para mirarlo a los ojos.

—Por contarme todo esto a pesar de lo mal que te sienta recordarlo y hablar de ello.

—Supongo que debía desahogarme con alguien, ¿no lo crees?

— ¿Nadie lo sabía?

—No ando contándole mi vida privada a todo el mundo. Además, no es algo de lo que me sienta muy orgullosa, ¿sabes?

— ¿O sea que soy la única persona que sabe que sostuviste una relación con Brian?

—Si— contestó mientras se ponía de pie y le tendía una mano a Lucas para ayudarlo a hacer lo mismo.

— ¿Por qué me lo dijiste? ¿Por qué me contaste todo esto?

—Estás haciendo demasiadas preguntas, Lucas— le dijo mientras ponía cara de fastidio.

—Lo siento pero es que me parece raro que, después de la forma en la que me has tratado, me digas esto.

—Tómalo como un pago…un pago por tu ayuda.

— ¿Una tregua?

—Ni lo sueñes.

El la miró con el ceño fruncido y con cara de fastidio. Ella rió con ganas; molestar a Lucas era tan sencillo… Se preguntó si sería igual de fácil hacerlo sonreír. Movió la cabeza en un intento por sacarse esos pensamientos y se dio la vuelta para regresar a la casa.

— ¿Te quedas a almorzar?—le gritó desde la linde del bosque.

Lucas se quedó mirándola fijamente unos minutos, preguntándose que era lo que tramaba la joven. Al no dar con la respuesta se encogió de hombros y caminó hacia el lugar en el que una impaciente Jessica lo esperaba.