Capítulo 14  

Posted by: Lizzy Kim

A pesar de lo tarde que era y del frío que hacia fuera, Jessica salió a hurtadillas de su habitación, con los zapatos en las manos para no hacer ruido al caminar, con el propósito de encontrarse con aquella persona que ocupaba su mente cada segundo del día.

Cruzó veloz, pero silenciosamente, frente a la habitación de su hermano y caminó con algo mas de tranquilidad por los otros pasillos donde solo estaban las vacías habitaciones de huéspedes, hasta llegar a la gran escalinata cubierta con una preciosa y costosa alfombra rojo oscuro.

Bajó cada uno de los peldaños con sumo cuidado ya que las lámparas no estaban encendidas y la débil luz de la luna que se filtraba por los vanos de la fachada, no era suficiente para alumbrar su camino.

Ya del otro lado de la puerta, se puso sus zapatos y bajó lo más rápido que pudo los tres peldaños de la escalinata de la entrada. Cruzó el jardín corriendo, con el corazón desbocado ante la perspectiva de volver a ver a su amado otra vez.

Llegó a las grandes puertas de entrada que flanqueaban la casa, con la respiración agitada y su acelerado corazón amenazando con salírsele del pecho; además del creciente terror que le atenazaba los huesos, terror a algo que no sabía que era. Pero nada de esto la detuvo a la hora de, con gran esfuerzo, abrir las puertas de hierro hermosamente forjado y adornado (las cuales se abrieron con un molesto chirrido que por suerte, nadie escucharía; la casa estaba muy lejos) y seguir corriendo hacia donde se suponía que él estaría esperándola, con los brazos abiertos y una sonrisa en los labios.

Después de mucho correr, trastabillar, caer, y todo esto sin detenerse para tomar aire o descansar, llegó al gran parque que se encontraba a dos calles de su casa. Desde donde estaba, pudo apreciar a su amado de espaldas hacia ella. Lo llamó, sin importarle que alguien la escuchase (de todas formas, nadie parecía escuchar nada.
Todo estaba demasiado tranquilo y silencioso, a pesar de sus fuertes pisadas resonando en el pavimento y su voz llamándolo), mientras corría para llegar a él. Éste se dio la vuelta rápidamente y Jessica no pudo hacer más que gritar de terror al ver lo que tenía en frente: un monstruo. Un ser horripilante y detestable. Un reflejo de sus miedos. El reflejo de lo que él se convirtió…


Jessica se despertó sobresaltada y con un grito de terror aflorando de sus labios. Esa era la quinta vez en esa semana que tenía ese mismo sueño, ese sueño horripilante que de seguro sólo le daría miedo a ella.

Con esfuerzo, se sentó en la cama y apoyó la espalda en el respaldo, mientras respiraba profundamente al tiempo que se ponía una mano en el pecho; como si de esa forma pudiese controlar los agitados latidos de su corazón. O como si pudiese sacar, a medida que inhalaba y exhalaba, esa pesadilla de su cabeza y el terror de su pecho.

Era algo inútil, ella lo sabía muy bien. Nada ni nadie lograría sacarle esa pesadilla de la cabeza si no le borraban todos sus recuerdos del pasado, lo cual era imposible. Aunque si hubiese una forma de lograrlo, ella se mostraría reacia a aceptar que le borraran la memoria porque conservaba pocos, pero hermosos recuerdos. Recuerdos en los que Lucas y Ariel eran los protagonistas y en los que era feliz y exhibía una enorme sonrisa inocente e infantil.

Margaret llegó al poco rato, con la respiración agitada debido al esfuerzo que debió suponerle llegar corriendo desde la cocina. Cuando entró, encontró a Jessica todavía en la misma posición y con la mirada fija en algún punto del techo.

— ¿Se encuentra bien? Lucy me dijo que la escuchó gritar…

Jessica no le respondió. Todavía seguía pensando en la tonta idea de que sería muy bueno que limpiaran su memoria de aquellos recuerdos dolorosos y en seleccionar los recuerdos que no le gustaría perder. Estaba desvariando, y de muy mala manera.

— ¿Señorita…?— la llamó Margaret, con preocupación.

—Margaret, ¿Qué sería usted capaz de dar o perder, véalo como quiera, con tal de olvidar algunas cosas?—la susodicha le dirigió una mirada entre confundida y preocupada. Jessica siguió hablando— ¿Sería usted capaz de dar sus mejores recuerdos con tal de perder los peores?

— ¿A qué viene todo esto, señorita?

—A que me cansé de tener esta estúpida pesadilla noche tras noche. —le dijo, con un tono de voz completamente diferente del que había estado usando. Margaret suspiró aliviada al escucharla— Si a Lucas no se le hubiese ocurrido hacerme esta tonta propuesta de ir a casa de nuestros padres, yo no estaría así.

— ¿Todo esto es por eso?—cuestionó, incrédula— ¿No cree que está dejando que una simple visita de pocos días la afecte demasiado?

Jessica bufó. Ella sabía que la visita era cualquier cosa menos simple. Sabía que tendría que soportar ser exhibida como un jarrón costoso delante de todos los amigos de sus padres y, para colmo, delante de los de sus futuros suegros que no fueran amigos de sus padres.

Sabía que tendría que aguantar un sermón, más extenso que el código constitucional por haberse fugado de casa y por haber permanecido tanto tiempo en las sombras. También, por supuesto, por haberse comprometido en secreto y sin el consentimiento de sus padres (aunque el prometido fuese de su completo agrado).

Sabía que tendría que ver un par de rostros completamente desagradables que, para que negarlo, era lo que más le desagradaba de la idea de ir a visitar a sus padres. Margaret sabía todo esto (porque Jessica se había tomado la molestia de contárselo hacía tiempo) pero aún decía que la visita sería simple y que terminaría disfrutándola.

“Pobre ilusa”, pensó Jessica, la primera vez que la escuchó decir eso.

—Respóndame algo— volvió a tomar la palabra la dama de compañía, mientras se sentaba en el borde de la cama— ¿No había tomado ya la decisión de ir a la casa de sus padres?

Jessica la miró, confundida.

— ¿Qué le hace pensar eso?

—El hecho de que el día que los Port ofrecieron su fiesta, usted y yo tuvimos una conversación sobre el tema y me pareció que ya se había decidido.

—Entienda algo, Margaret: no me hace gracia estar en casa de mis padres porque estos, al igual que mi hermano, van a estar demasiado pendientes de mí…

—…Y no la van a dejar estar mucho tiempo con su novio.

Jessica esbozó una sonrisita pícara.

—Eso también influye en mi desgana, pero no era lo que iba a decir. —Margaret iba a preguntar que a qué se refería pero Jessica no la dejó— Ya no importa. De todos modos, usted no va a dejar de insistir en que debo ir, en que debo complacer a mi maravilloso y perfecto novio, en que será divertido y un montón de tonterías más.

Margaret le sonrió.

—Usted es bastante molesta cuando se obsesiona con algo, ¿sabe?

— ¿Eso quiere decir que me va a hacer caso?— le preguntó mientras se ponía de pie.

—Eso quiere decir que voy a tratar de hacerlo. En todo caso, todavía tengo que agotar mi última oportunidad de convencer a Lucas de que desista de esa idea. —Margaret la miró, interrogante— Lucas me dijo que el viaje a La Esperanza sería mañana.

La dama de compañía abrió mucho los ojos debido a la sorpresa y a los pocos segundos se puso a caminar de un lado al otro, mientras abría gavetas y murmuraba cosas como “no hay mucho tiempo” o “que debería guardar”. Jessica, simplemente, la miraba desde la cama con una expresión de desconcierto en el rostro.

De pronto, Margaret detuvo toda esa locura y se dirigió al baño, del cual salió a los pocos minutos con una estela olor a vainilla detrás de ella. Se acercó a Jessica y la sacó de la cama casi a rastras, llevándola hacia el baño donde ya estaba preparada la bañera.

Cuando Jessica salió del baño, envuelta en su albornoz blanco, vio con sorpresa (y porque negarlo, algo de horror) el desorden que había en su habitación. Gavetas abiertas, la puerta del ropero abierta y este completamente vació. La cama repleta de ropa cuidadosamente doblada, y en el suelo, tres maletas yacían abiertas mientras Margaret, a un lado de la cama, con las manos apoyadas en la cintura, seleccionaba la ropa que, según ella, era la adecuada para el viaje.

Jessica con un “¿qué es todo esto?” llamó su atención y la dama de compañía, después de dar un respingo, se dirigió a ella para ayudarla a vestirse.

Esa mañana, definitivamente, iba a ser una de las que Jessica no olvidaría.

***

Seis de la tarde y Ariel aún permanecía en su oficina trabajando. Todos los empleados se habían marchado ya, incluida su secretaria, por lo que reinaba un molesto y pesado silencio sólo roto por el rasgueo de su pluma sobre el papel y el ruido que producía la lluvia al chocar contra la ventana y al deslizarse por la cornisa.

Por lo menos fue así durante las dos primeras horas que permaneció en esa oficina, firmando papeles y revisando los informes que le habían entregado los supervisores de los diferentes departamentos de la empresa.

Dicha calma fue rota por la inesperada visita que recibió a eso de las ocho de la noche. El recién llegado había entrado a su oficina como si fuese la suya propia, se había quitado el abrigo y lo había colgado en el perchero y, finalmente, había dejado su paraguas en el paragüero que estaba en la esquina opuesta, todo esto bajo la atenta y sorprendida mirada de Ariel.

— ¿Qué se supone que haces aquí?—preguntó este, cerrando la carpeta que había estado revisando y dejando su pluma sobre esta.

Su visitante ignoró el tono hostil con el que Ariel hizo la pregunta.

—Vengo a hablar contigo y esta vez no va a haber nada que nos impida hacerlo— le respondió mientras se sentaba en una de las sillas que estaban frente al escritorio.

—Tendrá que ser después porque, si no te has dado cuenta, estoy trabajando. Entre mis pasatiempos no está quedarme hasta tarde en la oficina.

—No, Ariel, vamos a hablar ahora. Llevas tiempo esquivando esta conversación…

—Porque no vale la pena hablar de ello. Es mas, para ser sincero, no me apetece hacerlo, así que…

—Mira Ariel, no sé qué es lo que pretendes ni sé porqué te estás comportando de esta forma tan rara y, para ser sincero yo también, no me interesa saberlo ni vine hasta aquí para que me lo digas. El motivo de mi visita es saber qué demonios estás tramando.

Ariel le dirigió una mirada cargada de desconcierto.

—No sé de que me hablas…

— ¡No te hagas Ariel, que sabes muy bien de lo que te estoy hablando! Estoy seguro de que fuiste tú el de la idea de la boda. Yo sé que tú sabías donde estaba Jessica y también sé que tú le dijiste a mi hermano donde estaba, así que no te hagas el desentendido.

Ariel no pudo evitar reír ante sus palabras. Sí, era cierto, él había movido unos cuantos hilos para que Jessica y Lucas terminasen juntos pero no había sido nada del otro mundo. Cuando él llegó a Villa Mar, el asunto del compromiso ya estaba hecho. Él sólo se enfocó en que fuese algo real.

Tampoco había tenido que hacer gran cosa; Lucas estaba enamorado de Jessica desde que era un niño, y Jessica había dado muestras de estar interesada en él en los días en que Ariel estuvo en Villa Mar. Así que, por más manos que hubiesen movido los hilos que los empujaron a comprometerse de verdad, había sido algo que iba a terminar ocurriendo de cualquier forma.

— ¿Crees que la boda de Jessica y Lucas es todo un plan, Josh?— Ariel no necesitó respuesta. Lo que vio en los ojos de su ex mejor amigo fue suficiente— ¿Un plan contra qué… o quién?

Ariel le miró con una ceja arqueada mientras esperaba que su acompañante respondiera, cosa que Josh, obviamente, no iba a hacer.

—Eso deberías decírmelo tu—respondió mas tranquilo aunque su tono de voz seguía siendo rudo. — Por eso estoy aquí.

—Pues deberías irte porque aquí no le vas a encontrar respuestas a tus preguntas retóricas. ¿Por qué mejor no hablas con tu hermano y le cuentas de tus dudas y conjeturas sobre su futura boda? Estoy seguro de que él, al igual que Jessica, te las responderán todas y te demostraran porqué piensan casarse. Aunque estoy seguro de que tu, con sólo verlos, te darás cuenta del porqué.

Josh esbozó una sonrisa maliciosa, del tipo que provocaban escalofríos en quien las veía.

—Supongo que cuando los vea, exhumando miel por cada poro de su piel, voy a pasar por alto el hecho de que apenas llevan unos meses juntos en donde sea que se encuentren. Aunque supongo que este rápido compromiso —si no tiene nada que ver con un plan, como tu dices— se debe a que tu querida hermanita está demasiado desesperada por tener un hombre a su lado. Ella siempre ha sido así…

— ¡No te permito que hables mal de mi hermana!—le reclamó Ariel mientras se levantaba del asiento y daba un fuerte golpe, con las dos manos, sobre el escritorio. Josh hizo lo mismo cuando le respondió.

—Y yo no voy a permitir que ni tú ni tu… virginal hermanita utilicen a mi hermano para escalar económicamente. Quedas advertido, Ariel.

Y con eso último, se dispuso a tomar sus cosas y a salir del lugar.


***

Jessica nunca había imaginado hasta que punto podía llegar una persona cuando quería que otra hiciera algo, por mas pequeño, molesto o insignificante que fuese. Lamentablemente, le había tocado comprobarlo con Margaret y su obsesión para que ella aceptase ir a visitar a su familia al otro lado del pueblo.

La cosa había pasado de insistirle hasta el cansancio con que era una buena idea y con eso de que nada malo podría pasar, hasta el punto de tenerle las maletas listas “para ganar tiempo”, como le había dicho Margaret varias veces mientras las arreglaba.

Llegados hasta ese punto, nada podría evitar que ella hiciese ese viaje pero, de todas formas, fue esa tarde a la casa de su prometido para jugarse sus últimas cartas; para tratar, por última vez, de convencerlo de que desistiese de esa tonta idea.

Cuando llegó a la casa, el ama de llaves le dijo que Lucas estaba atendiendo a unos amigos que fueron a visitarlo, así que ella optó por quedarse dando vueltas por su jardín a quedarse escuchando lo que decían.

A los pocos minutos, una empelada le llevó una bandeja con té y galletas por lo que tuvo que detener su paseo y quedarse en la plazoleta. La empleada, la misma que estaba enamorada de Lucas y que no toleraba a Jessica, no dijo ni una sola palabra mientras servía el té. Y a la hora de dirigirse de vuelta a la casa, apenas hizo una inclinación de cabeza.

Si Jessica no hubiese tenido otras cosas en mente, hubiese puesto a esa empleada en su lugar, pero como todo el asuntó de Lucas y el viaje la atormentaba, ni siquiera se fijó en la jovencita.

Cuando Lucas apareció, quince minutos más tarde y con una expresión apenada en el rostro, fue que ella logró salir de su letargo.

—Siento mucho haberte hecho esperar tanto tiempo— se disculpó antes de inclinarse para darle un beso en los labios.

Cuando iba a separarse de ella, Jessica lo agarró por el cuello y lo atrajo hacia sí para prologar el beso un poco más. Lucas rió por lo bajo cuando se separaron.

—No hay problema, prefiero quedarme aquí, contemplando tu jardín, a quedarme en mi casa con la histérica de Margaret. Está insoportable, ¿lo sabías?—Lucas volvió a reír, mientras se sentaba frente a ella.

—Y dime, ¿a qué le debo el honor de tu visita, bella doncella?

Jessica, que había estado sonriendo, se puso sería de golpe.

—Al viaje de mañana, por supuesto— le contestó mirándolo fijamente a los ojos. Lucas no dijo nada ni dio muestras de que le había molestado su respuesta, como una clara invitación de que quería que continuase hablando— Vengo a pedirte, por última vez, que desistas de este plan.

—Jessica, ya hemos hablado innumerables de veces sobre esto— le dijo con un tono de voz que denotaba el cansancio y fastidio que le causaba el tema— Hasta que no me des una razón valida y de peso no voy a desistir de la idea. Mañana me voy a casa de mis padres.

— ¿Pero por qué? ¿Por qué quieres irte?

—Llevo meses en este pueblo. Meses en los que no he visto a mi familia, creo que merezco eso, ¿no lo crees? Además, — le tomó de la mano— alguien tiene que darles la noticia de la boda.

—Pero si ya lo saben, Lucas. Ariel se los dijo hace meses.

—No es Ariel el que va a casarse sino nosotros. Además, ellos hubiesen podido tomarse todo esto como una broma de tu hermano.

Jessica soltó bruscamente su mano de la de él y, de igual forma, se puso de pie. Ya estaba cansada de mostrarte tranquila y tolerante respecto al tema. Hacer ese viaje no le convenía en lo mas mínimo y si seguía tratando de convencer a Lucas por las buenas, jamás lograría nada.

—Deja de inventarte excusas tonta, ¿si?—le dirigió una mirada cargada de enojo— Mi hermano no ha hablado de mi en seis largos años, ¡crees que si les dice algo sobre mi a mis padres ellos se lo van a tomar en broma? No seas iluso, Lucas. Tú sabes muy bien que la noticia de nuestra boda, hubiese sido falsa o real, a estas fechas ya sería de dominio público. Y no sólo por Ariel, sino también por todas las personas que de alguna forma u otra conocen a nuestros padres. Los Port, por ejemplo.

—A mi eso no me importa. Yo quiero decírselo a mis padres y a mi hermano independientemente de que tú hermano se los haya dicho o no— alegó mientras también se ponía de pie y enfrentaba a su novia— Quiero que lo sepan por mí, ¿puedes entender eso?

— ¿Y tu puedes entender que no quiero ir a ese maldito lugar?

— ¡Pero si nadie te está obligando! En ningún momento dije “Jessica, nos vamos a casa de nuestros padres”.

—No, no lo dijiste, pero es mi deber como tu futura esposa acompañarte. ¿Crees que tus padres creerán que de verdad vamos a casarnos si no me ven a tu lado?

La sola idea de estar en casa de Lucas, frente a los Henderson le provocó escalofríos, pero lo disimuló.

—Con que lo sepan me basta.

— ¡Pues envíales una carta y asunto resulto!

—¿Cuándo vas a entender que no es eso lo que quiero?—le gritó, cansado ya de tantas negativas.

Estaba ya hastiado de tantas peleas, de tantos dime-te diré que no resolvían nada y que, según él, sólo los distanciaban cada día mas. Era más que obvio que él no quería que eso pasara; él la amaba y por ella era capaz de hacer cualquier cosa, pero consentirle sus caprichos de niña malcriada y egoísta no estaba en la lista. Por tal motivo, iría a casa de sus padres con o sin ella y nada lo haría cambiar de idea. Ni siquiera lo que Jessica dijese o hiciese esa tarde.

Jessica, por su parte, se había sorprendido al escucharlo. Nunca pensó que vería a Lucas tan enojado, mucho menos que le gritaría. Nunca pensó que fuese tan difícil de convencer, tan dolorosamente obstinado.

Cuando salió de su asombro, le contestó con un tono de voz que distaba mucho de ser el que quería usar (fuerte, cargado de rencor y reproche). Sus palabras salieron en un tono bajo, con un matiz de dolor y pena, pero sobre todo, cargado de una decepción capaz de romper las barreras emocionales de cualquier persona (cualquiera que no fuese increíblemente obstinado y testarudo).

— ¿Y tu cuando vas a entender que pongo demasiadas cosas en juego con este viaje? ¿Cuándo piensas entender que, si huí de mi casa, fue porque ya no quería… ya no soportaba la idea de seguir un segundo más allí?

Jessica hizo silencio durante unos minutos, esperando que Lucas dijese algo, pero esto nunca sucedió. Lucas seguía en el estado de asombro en el que suelen caer las personas cuando son testigos de la vulnerabilidad de aquellos que parecen de todo menos vulnerables. Sumado a eso estaba el hecho de que, si abría la boca para decirle cualquier coca, terminaría accediendo a su pedido. Era mejor no arriesgarse.

—Tu silencio me da a entender que no tienes nada que decirme, así que doy por hecho que no piensas cambiar de idea— dijo, al cansarse del silencio que reinaba en el lugar.

Esperó unos segundos más, pero Lucas seguía sin decir nada. Así que se dio la vuelta y se encaminó a la salida. Si quiera dignarse a darse la vuelta para mirarlo, le dijo:

—Nos vemos mañana…cuando vayas a recogerme.

This entry was posted on sábado, junio 06, 2009 . You can leave a response and follow any responses to this entry through the Suscribirse a: Enviar comentarios (Atom) .

2 Manzanitas

hola! siento no poder ahora tu historia.. pero prometo que lo hare!! mientras tanto, pasate por mi blog, tienes dos premios esperandote! bss

no me mates... pero te espera otro premio en mi blog...=D
bss

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